Mostrando entradas con la etiqueta anécdotas. Mostrar todas las entradas
Mostrando entradas con la etiqueta anécdotas. Mostrar todas las entradas

6 de agosto de 2015

Cómo tomar el micro

La ley del viajero (y la de Darwin) dicta algo así como "adaptarse o morir".
Adaptarse al lugar donde has aterrizado mejora con creces tu estancia: no solo te sientes menos extranjero sino que además el proceso de comprensión del país y su cultura es mucho más rápido. La mayor parte de las veces, adaptarse no es una cuestión vital, claro. En otras ocasiones, sí. ¿Cuándo? Así de primeras se me ocurre, por ejemplo: cuando estás falto de oxígeno (literalmente) y no tienes fuerzas para dar un paso más (aún menos para andar un par de horas hasta tu albergue). 

Está decidido, es hora de tomar el micro. Has visto hacerlo a los bolivianos durante todo el día. Pero primero debería aclarar qué es un micro y especificar que cuando hablo de "micro" también me referiré a los "truffis" o "minis", que funcionan igual (solo que son más abundantes y un poco más caros).

Micros (segunda foto vista aquí)
Minis o Truffis: nunca llegué a saber la diferencia
(fotos vistas aquí y aquí)
Para ti los carteles en las lunas de esos autobuses son tan inútiles como coloridos: deduces que indican el lugar a donde llevan, pero... ¿qué lugares son esos? Misterio.
Preguntas al primer transeúnte que te cruzas qué cartel corresponde a algún lugar que no te deje muy lejos de la iglesia San Francisco (al menos te has quedado con la copla de un sitio cercano y muy conocido). "Tienen que tomar un micro que los lleve a Pérez".

Siguiente paso: acercarse a la calzada lo máximo posible y estar atentos a los micros venideros. No es fácil distinguir los nombres de los carteles en la lejanía cuando eres miope... y no puedes evitar pensar en cómo harán los ciegos o abuelit@s cuya vista no les permita tomar el micro que necesitan. Pero en La Paz han pensado en todo y a menudo hay un acompañante del conductor que va "gritando" los nombres de los carteles. (Sí, digo "gritando" porque a veces ni yo misma, estando dentro del micro, oía ni distinguía qué decían... Pero los bolivianos deben tener un oído muy agudo porque no necesitan gritar para hacerse escuchar a pesar de los incesantes pitidos, el ruido del tráfico o los otros gritos de los vendedores ambulantes).

Al fin, un micro con el cartel que corresponde a tu destino se acerca. Entonces, hay que acercarse aún más a la calzada (incluso estar en la calzada misma) y hacer señas para que pare. Si le queda sitio, se apeará dos segundos: date prisa en subir porque al resto de vehículos y de pasajeros no les gusta esperar. Una vez hayas puesto un pie dentro, empezará a arrancar (a menos que te vea tan novata, perdida y cargada con una mochila 3 veces mayor que tú y se apiade de ti). Como buenamente puedas, sobre todo si vas tan cargado como una abuelita boliviana, debes dirigirte al asiento libre del micro. Esto parece fácil pero no lo es. Imaginad el contexto: una furgonetilla repleta de pasajeros, un vehículo que frena y acelera sin compasión, un espacio reducidísimo para moverte... Mi consejo: antes de tomar un micro con el mochilón al hombro, tomadlo "sin nada", para ir acostumbrándoos.

Los minutos que dure tu trayecto puedes dedicarlos a contemplar la ciudad, las decoraciones internas del propio micro (de verdad, son dignas de admirar; las hay de todo tipo y colores, pero de seguro habrá una o varias en que se alabe a Dios o a Jesús con inscripciones como "Cristo te ama" en el más sobrio de los casos), o a rezar por no sufrir un accidente y por que el micro sea capaz de arrancar en esa cuesta tan empinada (de nuevo, imaginad: una furgoneta que tiene más años que vosotros, atiborrada de gente... y una cuesta pronunciadísima en la que os ha tocado parar por el atasco que hay; yo no las tenía todas conmigo de que aquello se fuera a mover hacia delante...). Aquí aprovecho para hacer un inciso y mostrar mi completo respeto y admiración por los conductores bolivianos. Francamente, B-R-A-V-O.


Cuando llegas a tu destino, un simple "me bajo aquí, por favor", o un escueto "pare" serán suficientes para que el conductor (que va por el carril de la izquierda en esos momentos) se eche a la derecha (da igual, los otros vehículos ya se apartarán...) en cuestión de segundos y te deje ahí. Le pagas tu boliviano y medio y... ¡lo conseguiste! Has tomado un micro tú solita y has sabido dónde bajar. Te sientes como si hubieras logrado una hazaña digna de entrar en los anales de la ciudad de La Paz, pero te conformas con contarlo en tu blog. Piensas: "¡Esta ciudad ya no tiene secretos para mí! Si he podido con esto, puedo con todo..." y convencida de que nunca más tendrás problema en tomar un micro, te vas a tu albergue porque, reconócelo, el meneo del vehículo te ha dejado la cabeza aún peor... Maldito soroche.



ALGUNOS CONSEJILLOS:

- Algunos carteles de referencia para el viajero pueden ser: PÉREZ (zona de iglesia san Francisco), TERMINAL (terminal principal de autobuses), CEMENTERIO (no creo que necesite explicar a dónde lleva), FÁTIMA (la tercera y más alejada estación de buses; mejor NO vayas andando), CEJA (la forma más conocida para llegar a El Alto y su Mercado del 16 de Julio), MURILLO (donde está la catedral).
- A veces, para llegar a un mismo destino utilizan nombres y carteles distintos porque no pasan por los mismos lugares. Mejor conocer el abanico de direcciones a las que os podéis dirigir y no limitaros a una sola.
- No confundáis un cartel con una parte de la ciudad... Podéis acabar en el sur de la ciudad pensando que estáis en MIRAFLORES.
- No vayáis con el tiempo muy justo. El viaje en micro/mini/truffi está sujeto a probables atascos.
- El precio del pasaje puede ser más elevado cuanto más lejos os lleve: por ejemplo subir a El Alto o bajar al sur os costará más de 1,5 BOL.

27 de diciembre de 2014

10 sueños viajeros cumplidos

Empecé a elaborar mi lista de sitios que ver antes de morir cuando era pequeña. Seguramente entonces no me dije "lista de sitios que ver antes de morir", sino "sitios que tengo que visitar en mi vida" -los niños no son tan pesimistas como para ir pensando en la muerte... Pero desde muy pequeña ya tenía varios en mente y he tenido mucha suerte de poder cumplir algunos de la lista original y otros que se han ido sumando con los años.

¿Queréis saber cuáles son?

Visitar el lago Ness
Con todas esas leyendas del monstruo submarino, ¿qué niño no se sentiría fascinado por un lugar así? Fue una experiencia genial que compartí con los amigos que hice en Edimburgo. No podía creer mi suerte cuando estuve allí. Imagínate, ¡con 15 años y cumpliendo un sueño viajero! Puede que no viera al monstruo (tendría que haber llevado galletas Oreo), pero fue una experiencia inolvidable.


¿Hay algo más tentador cuando eres joven y has visto Crossroads? La peli es una basurilla, pero la idea que se implantó en mi mente y la de mis amigas no nos abandonó hasta que vimos nuestro sueño hecho realidad. ¡Ahora queda repetirlo a lo grande! (¿Ruta 66?)

Pasear por Venecia y montar en góndola
¿Una ciudad donde los taxis son barcos y la gente se transporta en góndola? ¿Una ciudad donde los edificios flotan sobre el agua y la marea sube y cubre la plaza de la catedral? Con estas descripciones, ¿quién no tiene ganas de ir a experimentarlo? Me pareció preciosa y, gracias a mi falta de sentido del olfato, ni me di cuenta de que olía mal, como todo el mundo clama. Eso sí, la ola de calor, la falta de agua y una tipa (que era nuestra guía) bastante insoportable casi hicieron que el sueño se convirtiera en pesadilla.


El primero de estos fue a la República Checa, con mis amigos de la universidad. Yo estaba acostumbrada a planearlo todo bastante y este fue casi de una semana para otra. ¡Y salió genial! Desde entonces he tenido varios de estos: Marsella, Croacia, el Monte Saint-Michel...

Superar mis miedos
Vale... aún me quedan muchos y me han salido otros nuevos, pero lo importante es que algunos los he "superado" (o al menos hago como que no me da miedo en vez de montar un espectáculo). Por ejemplo, ya no entro en pánico modo "vamos-a-morir-todos" cada vez que hay una pequeña turbulencia en el avión (aunque siguen sin gustarme ni un pelo); y ¡me he bañado en un mar con medusas! (bueno, era una sola medusa... y el agua estaba muy clara así que se la veía perfectamente, por lo que guardar las distancias era muy fácil... ¡pero lo que cuenta es que lo hice, y sin gritar!). Eso sí, aún me da mal rollo ver los peces del mar a mis pies, y conforme los años avanzan más aprensión tengo a los bichos... ¿No debería ser al revés?

Visitar Stonehenge
Leyendas, druidas, misterios místicos... Tuve la oportunidad de visitarlo hace varios años, y además lo hice acompañada por amig@s que hicieron que fuera un día memorable.


Viajar a un lugar exótico
¡Y lo he hecho por partida doble con Martinica y Cuba! Playas de arena blanca, aguas cristalinas, beber directamente en coco, el Caribe, historias de piratas, música caribeña, el descubrimiento de la guayaba y el guarapo... Aaaah, los buenos tiempos.


Pasear por lugares que inspiraron Harry Potter
Así de friki soy. En mi defensa diré que esto nunca fue mi objetivo pero la vida ha querido que se convirtiera en algo así gracias a las sorpresas que me han deparado algunos destinos. Así, por ejemplo, mi primer viaje fue a Edimburgo, donde no solo está la cafetería en la que la autora escribió buena parte del primer libro, sino también un montón de lugares relacionados con el mundo mágico que inventó. También pasé mi primer Erasmus en Exeter (donde estudió J.K. Rowling) donde, de camino a la universidad, pasaba cada día frente a la tétrica mansión que inspiró la casa de los gritos, o iba de compras por Gandy Street (calle en la que al parecer se basó para construir el Callejón Diagon). Además, y ya que estaba allí, cuando fui a Londres no perdí la oportunidad de visitar el Andén 9¾.

La Habana es un lugar mágico, pegajoso y maloliente que querrías recorrer durante días para conocer cada rincón. Por supuesto, sigue estando en mi lista de sitios que visitar.

Yo era más de pensar que puedes tener muy buenos amigos extranjeros pero que nunca será lo mismo que con los amigos con quienes te entiendes a la primera, por eso de hablar la misma lengua materna. Pues ahora ¡ya me puedo comer mis palabras! He hecho amigos de los buenos (eso sí, pocos) con los que llego a entenderme aunque no sepa cómo decirlo. Y es que, como leí una vez, la comunicación es una actitud.

*

Tener 10 sueños viajeros cumplidos es tener mucha suerte. Y lo bueno de viajar es que, si quieres, nunca se acaba. Cuando tachas un lugar de tu lista aparecen tres más, así que nunca te quedas sin objetivos. Algunos de los próximos que quiero cumplir son estos:

Recorrer la muralla China (al menos una parte,que el cuerpo ya no está para esos trotes)
Contemplar el amanecer en lo alto de Bagan con vistas sobre todos los templos
Ver la aurora boreal y el sol de medianoche
Viajar a Marruecos y comer cada día pasteles de pistacho
Pasar unos meses en África impregnándome de la cultura y recorriendo varios países
Emocionarme con las cataratas de Iguazú
Subir a los fiordos noruegos (y acercarme al precipicio tumbada para disminuir el vértigo, qué yuyu)
Visitar el Gran Cañón (y, de paso, hacer un viaje en coche por EE.UU.)
Aprender sobre las culturas inca, azteca y maya in situ
Escribir un libro (o varios jiji) basados en lo que he visto y vivido durante mis aventurillas


Claro que la verdadera lista de lugares "por visitar" es bastante más larga que esta, pero no pierdo la esperanza de poder realizarla y dejar "espacio" para otros nuevos. Si es que, una vez que haces pop en esto de los viajes... ¡ya no hay stop!

29 de octubre de 2014

8 cosas que no voy a echar de menos de París

Esta mañana yendo al trabajo en bici, he tenido un altercado / semi-accidente con un coche. No preocuparsen, solo ha sido un pequeño golpe del manillar contra la puerta porque la señora "llevaba mucho rato queriendo salir del coche" y no ha mirado por el retrovisor -o si ha mirado y me ha visto le ha dado igual. El caso es que yo (más bien el manillar) me he comido la puerta del coche y he obtenido como respuesta a mi grito de pánico un "lo siento" sin apenas mirarme y casi enfadado, como si fuera mi culpa. Así se vive en París: alguien te "atropella" y, como tiene prisa, ni siente el hecho de haberte hecho daño...

De esta reveladora experiencia me he dicho que, sin duda alguna, no voy a echar de menos la falta de educación de los habitantes de París (ya comenté por aquí que primero te empujan y después se disculpan). Hay muchas cosas estupendas en esta ciudad, por supuesto, pero después de esta mañana se me han ocurrido 8 que no lo son tanto y que no voy a echar de menos cuando me vaya.

Paris, je t'aime... ou pas
La "educación"
Me da la impresión de que los franceses, y los parisinos, creen que son educados porque utilizan las palabras "disculpe", "por favor" y "gracias" todo el tiempo. Sí, las utilizan todo el tiempo y hablan muy correctamente, pero faltando al respeto con su tono y sus acciones: empujones, insultos, miradas asesinas, cortar la palabra del interlocutor con un "bonne journée" que te duele como una bofetada... La educación es algo muy subjetivo.

Heeeeuuu, maaaiiis, bah, ben, écouuuute, j'sais pas, pffff
¡Utilizad más palabras y menos onomatopeyas! ¡Aaargh! La mayor parte del tiempo no me importa, pero cuando tienes en el metro a un par de amig@s presumiendo de yo qué sé y repitiendo cada dos palabras las expresiones "heeeu, pfff, ben, tu vois? bah, j'sais pas mooiii"... ¡ganas de matar aumentando!

Las compras en fin de semana
Nunca voy de compras durante el fin de semana, pero si por casualidad paso por algún sitio con tiendas... ¡me pongo de los nervios! Tanta gente con bolsas, empujando, haciendo cola, yendo de aquí para allá... No hay apenas sitio para moverse.

Las colas
Foto de deanoworldtravels.wordpress.com
Este punto debería estar más arriba... y es que en París se hace cola para todo. ¿Que hace bueno y quieres ir a tomar un helado a la Isla St Louis? Muy bien, pero otros 500 parisinos querrán lo mismo y el tiempo que pases en la cola será el triple del que tardes en comerte el helado. ¿Que es el primer domingo de mes y quieres ir al museo (porque es gratis)? Pobre iluso, más te valdría pagar la entrada y no esperar 3h en el frío polar... ¿Que quieres ir a ver una película al cine? Pues no te lo pierdas porque ¡hasta para entrar a la sala se hace cola! Siempre lo he dicho: si numeraran los asientos estas cosas no pasarían... Por supuesto, de las colas típicas ya ni hablamos (Louvre -algún día os revelaré una puerta "secreta" por la que accedes en un plis-, Notre Dame, Torre Eiffel...).

Los "gorilas"
O porteros de bar y discoteca. En algunos lugares serán necesarios, pero aquí son más un filtro que otra cosa: tú no estás bien vestido, fuera; tú no cumples con el perfil de la discoteca, fuera; tú estás disfrazada muy fea, o pagas entrada o fuera (esta última basada en hechos reales y vivida en carnes propias - fue para Halloween, no penséis que voy disfrazada a todas horas, esto no es Inglaterra).

Las connotaciones o nuances del francés
-¿Vas a venir a tomar algo esta tarde?
-En principio sí.
Esto quiere decir que: puede que sí, puede que no; pero si al final no aparezco por allí, no me lo eches en cara porque ya te dije que "en principio". Y de este estilo tenemos un millón de fórmulas imprecisas que quieren decir todo y nada pero que te cubren las espaldas. En Francia no se puede decir eso de "hablando se entiende la gente"...

Las prisas
En París todo el mundo parece llegar tarde siempre, porque sino no me explico cómo puede molestar tanto a alguien quedarse fuera de un metro en el que iría embutido, ni cómo se puede reaccionar con tanta violencia (sobre todo verbal) o bufando como un gato a cualquier individuo inocente que te haga tomar un pequeño desvío en tu ruta (y por pequeño desvío me refiero a moverte 5 cm más a la derecha para no chocarte con alguien que viene de frente). ¿Cuánto tiempo has perdido, eh, eh? ¡Haber salido antes de casa y déjanos vivir tranquilos!

El metro
No solo por el transporte en sí mismo -que también (mal olor, demasiada gente, puertas asesinas al cerrarse, vida subterránea...)- sino por el mal rollo que se respira en el ambiente a veces. Una vez incluso vi a una mujer pegar un bolsazo a un hombre y después utilizar su paraguas como escudo para protegerse del contraataque...


Obélix siempre decía que 'estos romanos están locos', pero ¿seguro que no eran los franceses los locos?
Ils sont fous, ces parisiens !

17 de octubre de 2014

El Cagaducha

Cada viaje supone un nuevo descubrimiento y cuando eres joven y no has viajado tanto (porque tus años de vida no te lo han permitido), cada descubrimiento es aún más grande. Lo más básico te parece de lo más extravagante, y lo más extravagante te parece... bueno, te parece que no hay palabras para describirlo. Por ello hacen falta nuevos términos que designen todos aquellos elementos que nos resultaban desconocidos hasta que un nuevo lugar los puso frente a nuestras narices.
Es el caso del cagaducha.

La palabra no deja mucho lugar a dudas, pero por si acaso no llegáis a visualizar qué o cómo podría ser un cagaducha, yo os lo explico: es un lugar donde puedes hacer tus necesidades y ducharte al mismo tiempo. Mis amigas y yo descubrimos el cagaducha en la primavera de 2006, durante el viaje de estudios de Bachiller. Habíamos decidido un trayecto la mar de chulo: aterrizábamos en Italia y a partir de ahí hacíamos un recorrido por toda Austria. No está mal, ¿eh? El plan pintaba bien: primera noche en un hotel 3 estrellas para al día siguiente comenzar por Venecia. ¡Qué de glamour!

[Inciso >> Hoy sé que los hoteles y sus estrellas no tienen la misma relación cantidad-calidad en España y en el resto de Europa. Esto es, un hotel 3 estrellas en España es a menudo la monda lironda (sobre todo cuando eres joven y tus expectativas son bajas), mientras que uno de 4 estrellas en Inglaterra puede apestar a coliflor y tener el suelo cubierto por una moqueta con manchas sospechosas. Por aquel entonces para mí 3 estrellas me recordaban a los hoteles a los que a veces fui con mis padres. Pues bien, en Italia nos pasó que ese hotelazo que la guía turística tan bien nos vendió no parecía tener más de 1 o 2 estrellitas. Lo cierto es que nos daba igual (creo, porque fue hace mucho tiempo y no todos los detalles están frescos en mi memoria) y hasta resultó que este hotel fue el origen de interminables risas. <<Fin del inciso]

Vuelvo a la historia: llegamos a Italia, viajecito hasta el hotel, repartición de camas ("yo quiero arriba", "no te muevas mucho que son literas", etc.) y... primera visita al baño. Acto seguido carcajadas y un "¡venid, venid a ver esto!". Allí nos esperaba, tachán tacháaaaan... ¡el CAGADUCHA! Aquel cuarto de baño era tan pequeño que no había espacio suficiente para que el lavabo, la ducha y la taza del váter estuvieran separadas. Qué de risas y qué de poca intimidad. En el cuarto de baño el lavabo quedaba separado de nuestro cagaducha (que casi hasta nos dio pena abandonar a los dos días) por la cortina de la ducha. Así es que a un lado de la cortina teníamos el lavabo y el espejo, y al otro la taza de váter y la ducha. Estos últimos estaban uno enfrente del otro, por lo que el agua de la ducha caía directamente sobre la taza. Hicimos algunas fotos, pero en ninguna se aprecia tal obra maestra, aunque este chico os lo enseña aquí.

Puede parecer cutre, pero pensándolo bien es un gran invento. ¿Lo hicieron por simples cuestiones de falta de espacio? ¿Fue una técnica para ahorrar papel higiénico? (no se necesita si puedes enjabonarte nada más terminar tus cosillas...) Todavía no lo hemos descubierto, pero lo cierto es que esta creación no ha pasado desapercibida y ya se aprecia en muchos sitios de Europa: en París viví dos años con un cuarto de baño que, si bien no era un cagaducha al 100%, se acercaba bastante; y este verano fue gracias a un cagaducha que pude deshacerme del cansancio (y el sudor) de un largo viaje.
Reíos, reíos, pero yo pienso instalar uno en mi casa, ¡no hay nada más práctico que limpiar todo un cuarto de baño con el mango de la ducha!
Y si no puedo tener un cagaducha, ¡optaré por esta taza!

8 de agosto de 2014

Ryanair: la compañía con un 90% de vuelos puntuales

... O eso dicen.
¿Alguna vez habéis utilizado esta compañía? Sobre ella se pueden escribir tantas historias como pasajeros ha tenido... porque telita. Se hizo famosa por sus precios súper baratos (lo cual corroboro, ya que compré vuelos de ida y vuelta a Bélgica por 12€, por 2€ a Londres e incluso una vuelta de Granada por la friolera cantidad de... ¡1 céntimo!). Qué tiempos aquellos... Claro que no es oro todo lo que reluce. En aquella época sólo te dejaban llevar una maleta de mano (nada de bolso o mochila adicional) con unas medidas muy específicas. Tanto, que si te pasabas de un centímetro, la tenías que facturar. Es increíble las artimañas que se inventaba la gente para no pagar de más... Pero el post de hoy se lo dedico a sus horarios.

Ryanair es una compañía barata y, por ende, se podría sospechar que es sinónimo de mala calidad: maletas perdidas, asientos incómodos, horarios no respetados... Pero, sorprendentemente, son bastante puntuales. Yo utilizo esta compañía desde que empecé a viajar y muy pocas veces he llegado más tarde de lo indicado en el billete. Si alguna vez habéis cogido un avión Ryanair que haya llegado puntual, os habrá sorprendido su musiquita anunciando orgullosamente que son una compañía con un alto porcentaje de vuelos que llegan a la hora indicada. Tiririiii ririiiiii y la gente aplaude. ¿Su secreto? Muy fácil: cuando compras el billete te indican la hora de llegada. Pero... se aseguran de guardar un buen margen. Esto es, si el viaje entre París y Barcelona dura, por ejemplo 1 hora 30 min, ellos indicarán que el vuelo tiene una duración de 2 horas. Así es difícil no cumplir con los horarios establecidos... Personalmente, a pesar de ser una compañía de asientos incómodos y en la que el vuelo está dedicado a vender todo tipo de productos, en lo que respecta a horarios tengo pocas quejas. Por lo general siempre van muy puntuales. ¿Siempre? No, siempre no. Cuando te fallan, lo hacen de verdad. Nada de un retraso de una o dos horas. No, Ryanair lo hace a lo grande. ¿Por qué digo esto? Dejadme que os cuente...

Érase una vez que se era una joven estudiante inexperimentada en el mundo aéreo y sus retrasos. Era ingenua y se consideraba aventurera, aunque pronto descubriría que cuando había problemas se ahogaba en un vaso de agua. Tras haber vuelto a casa por Navidad, como el turrón, se disponía a regresar a su país adoptivo de aquel momento, Reino Unido. Iba a ser un viaje largo, muy largo: vuelo desde Zaragoza a Londres y, una vez allí, un autobús desde el aeropuerto hasta la capital y otro de varias horas hasta el sur de Inglaterra. Allí le esperaría una caminata de media hora hasta llegar a su hogar. No importaba: era joven e intrépida y, aunque entraría por la puerta de casa a primeras horas de la madrugada, al día siguiente podría dormir hasta que el cuerpo dijera basta.

Se despidió de su familia y se dispuso a esperar en la terminal el embarque de su vuelo. Pasaron algunos minutos, y los minutos se hicieron un par de horas. Por entretenerse, llamó a sus padres para informarles del retraso: esperaba llegar a tiempo para coger el autobús que la llevara al sur. Al cabo de un rato, comunicaron que el vuelo que esperaba no llegaría a Zaragoza: había demasiada niebla para aterrizar. ¿Qué broma es esta? ¿Niebla? ¡Este piloto viene de Londres, tiene que saber cómo aterrizar con un poco de niebla! Al parecer no sabía, así que los pasajeros fueron informados de que serían transportados al aeropuerto más cercano, donde había aterrizado su avión: REUS. ¿¡Quéeeeee!? Catástrofe. La joven llamó a sus padres, intentando que la voz no le temblara: ya no quedaba esperanza, perdería su autobús. Apenas podía controlar los nervios. Sus padres acudieron al aeropuerto (en Zaragoza todo está muy cerca) y le preguntaron qué había pasado. Nada, un retraso... ¿Y qué vas a hacer? Intentaré coger el último autobús que sale de Londres con destino a Exeter, es a la 1 de la mañana, así que tal vez llegue a tiempo... Pero estaba tan nerviosa que, de tan solo explicar el plan, se le vino el mundo encima: "Dios mío, dios mío... ¿y qué hago si no llegamos a tiempo? ¿Dormir en la estación? Bueno, no es tan mal plan... mucha gente lo hace. No pasa nada, no pasa nada... no pierdas la calma" pensaba.

Tras dos horas de viaje y muchos nervios, llegó a Reus. Embarcaron a toda velocidad. El piloto se disculpó (...) y despegaron casi de inmediato. Llegaron a Londres casi a medianoche. Nuestra protagonista corrió tan rápido como sus botas le permitían para coger el autobús que la llevaría a la estación de Victoria Street. La otra opción era dormir en el aeropuerto, algo que en aquellos momentos también le parecía muy tentador, pero si llegaba antes de la 1 de la mañana podría coger un autobús... Durante el viaje entabló conversación con su compañero de asiento: las penas compartidas siempre son mejores y nos ayudan a mantener la calma. Le explicó su plan, y su plan B (en caso de no haber autobús, dormiría en la estación). El chico, que se alojaba en una residencia, daría la dirección a un taxista y así no se complicaría más. Llegaron a Londres unos minutos después de la 1 de la mañana. Se despidieron rápido y la joven echó a correr ("¡menos mal que la estación está al lado!"). Pero... pero... No, no puede ser. ¡No puede ser!
Queridos lectores, si alguna vez estáis en la misma situación, tened en cuenta que la estación de Victoria Street cierra por la noche.

Momento de estrés y desesperación. No podía permitirse venirse abajo: había que ser práctico y buscar una solución... Que no cunda el pánico. ¿Cuáles son mis opciones? Volver al aeropuerto y dormir allí: descartado, ya no hay buses que vayan. Rondar las calles de Londres hasta que la estación abra: heu... mejor que no, hace frío y me da mal rollo. Buscar un hotel y pedir alojamiento: sí, va a ser caro pero es lo mejor... Además conozco uno aquí al ladito. Y allí que se fue. Arrastrando su maleta, cansada, sudorosa y bien asustada. Por favor que haya plazas, por favor que haya plazas...

No hubo. Incluso preguntó al recepcionista si la dejaría dormir o quedarse en los sofás de la recepción. Nanay de la China. Aguantó las lágrimas que se amontonaban en sus ojos hasta salir del hotel y tras andar un par de metros... no pudo más. Se echó a llorar, desesperada, asustada y llena de impotencia. No sabía a dónde ir, hacía frío y tenía miedo. La total. En aquellos momentos de desesperación no se le ocurrió pensar en la opción más fácil: ¿a quién conozco que esté en Londres y pueda alojarme? Cuando se recompuso mínimamente (ahora ya sin sollozos, solo algunas lagrimillas corriendo por las mejillas) volvió a la estación donde la dejó el primer autobús. No sabía para qué, pero al menos era un sitio que conocía. No obstante, el destino decidió que ya había sufrido suficiente por aquella noche e hizo que se encontrara con el chico que había conocido en el autobús. ¡Cuánto se alegra uno de ver una cara conocida en una situación así! (incluso cuando esa cara te es conocida desde hace solo una hora). Ey, ¿qué ha pasado? ¿No tenías una residencia reservada? Sí, pero el taxista no sabe dónde es... creo que la dirección está mal. ¿Qué te ha pasado? Ah, nada, nada, se me ha metido algo en el ojo (¿de verdad pensaba que iba a creerme?) y es que estoy muy agobiada... Venga, no te preocupes, cogemos un taxi y que nos lleve a algún hotel.

Cogieron un taxi que los dejó una manzana más allá de donde lo tomaron, frente a un hotelillo. Buenas noches, ¿tienen habitaciones libres? Sí, son un-montón-de-libras-por-noche, ¿quieren una o dos? ¿¡A ese precio!? Una. ¿Cama doble? Noooooo, ¡dos camas! La joven sabía que había tenido suerte, al menos no estaba sola, pero aún así le daba canguele dormir con alguien que no conocía. Claro que el chico estaba en la misma situación que ella, ¿qué peligro iba a correr? Aun así llamó a su madre (sí, a pesar de ser las 2 de la mañana) y le explicó la situación. Le pidió que por favor la llamase al día siguiente a las 8h para coger el primer autobús que saliese para Exeter. Y se dispuso a "dormir" con el mal rollo de estar en la misma habitación que un desconocido (inofensivo, el pobre) cuando de repente... este ¡se quitó los pantalones! "¿Pero qué hace? ¿Dormir en calzoncillos? ¡Si no nos conocemos!". ¿Vas a dormir con la ropa? (parecía extrañado porque, claro, dormir en vaqueros no es especialmente cómodo) Sí, sí, así mañana no pierdo tiempo en prepararme ("já, lo que no pienso es cambiarme de ropa delante de nadie"). Vale, buenas noches. Sí... "buenas" noches.

A las 7:59 h su madre, que durmió peor que ella aquella noche, la llamó. La joven se despidió de su amigo de aventuras, se desearon buena suerte, y enfiló a la estación de autobús que... uf, estaba abierta. No penséis que el resto fue pan comido, pues aún tuvo que esperar varias horas a que hubiera una plaza en algún bus. Pero nuestra historia tiene un final feliz y, aunque con el pelo sucio y despeinado, unas ojeras que llegaban al mentón y la cara casi sin lavar, nuestra protagonista llegó a su destino sana y salva. Y aprendió que no merecía la pena asustarse y perder la calma. Y, mucho menos, tener miedo de un pobre chaval en su misma situación.

Moraleja: cuidadín con Ryanair. Cuando te la juegan... puede que termines en la calle, literalmente. 

(Con el tiempo y más incidentes viajeros, nuestra protagonista se "curtió" poco a poco en esto de la situaciones extremas y, al menos, ya no desespera tanto. Para eso está la primera vez ;-) )

27 de junio de 2014

Un viaje... inaudito

Este ha sido, sin duda, el viaje más surrealista de toda mi vida. No aconteció en un lugar remoto ni exótico; no era un plan de alucine; no fui pensando que siempre me acordaría de este viaje. El programa era simple: un grupo de amigas, un coche, un cámping, una semana y la idea de visitar el País Vasco (San Sebastián y algunos pueblitos de la zona) y tal vez las Landas francesas. Vamos, un viaje nada fuera de lo común pero que tienes muchas ganas de hacer por la compañía y la emoción de que es tu primer "road trip". No sabíamos que el viaje se nos iría de las manos. No sabíamos lo que nos deparaban el destino... ni la previsión meteorológica.

Empezamos el viaje: salimos de Zaragoza con destino San Sebastián. Cogemos una carretera nacional porque pasamos de pagar los peajes. Viaje sin incidentes, cantando La Oreja de Van Gogh para ir ambientándonos y rememorar nuestra infancia. Llegamos al cámping y después de montar el tinglao, nos damos cuenta de que nos faltan muchas cosas... camping gas, alguna silla, ¿papel higiénico? no recuerdo si llevamos. Sí recuerdo que los baños nos caían lejísimos... Pasamos un par de días o tres disfrutando del festival de jazz de San Sebastián, y lo único que nos falló fue el tiempo: era verano y hacía bastante fresco... Lo más remarcable (o al menos que yo recuerde) fue pensar que hay gente muy motivada en San Sebastián, haciendo footing a las 6 de la mañana bajo la lluvia y con el frío. Después de pasar el fin de semana, algunas nos tuvieron que abandonar por incompatibilidad laboral. En aquel momento pensamos "ellas se lo pierden", poco después desearíamos habernos ido con ellas...

Comienzan los imprevistos: como en todo viaje, puede pasarte que te llueva o surjan imprevistos. Claro que cuando vas con idea de vacaciones de verano, a la playita y en plan visitar tranquilamente, pues te deja un poco trastocada que no sea como tú quieres. Nos llovió. Nos llovió muchísimo. Y decidimos que cambiábamos el plan original: iríamos a ver pueblecitos de la zona pero elaborando una ruta. Destino: allá donde no llueva. Para eso acudimos a Mutriku, donde teníamos estratégicamente una casa con tele. La encendemos y... previsión meteorológica para la próxima semana en varios kilómetros y comunidades a la redonda: lluvia torrencial. ¡Da igual! Vamos a bajar hacia Vitoria, que como es el "sur" seguro que hace bueno. No, mejor no... ¿en Vitoria qué se puede visitar? Yo prefiero ir de ruta por los pueblos y de cámping donde nos pille. ¿Y si seguimos con el plan original y vamos hacia Francia para ver las Landas? Creo recordar que nos intentaron prevenir: pero si seguís subiendo... aún hará peor tiempo, ¿no? Nosotras no escuchamos, era un planazo: ¡Venga!

Carretera y manta: vamos subiendo, visitamos algún pueblo (¿o fue solo uno?) y la lluvia nos acompaña todo el camino. Los que me lean pueden pensar que somos unas señoritingas y que por 4 gotas no pasa nada. Sí, si eso lo sabemos. Pero aquello era el diluvio universal 2ª parte. Pasamos las Landas, la lluvia arrecia y no sabemos qué hacer. A estas alturas del viaje hemos convertido el coche en nuestra casa, o más bien en nuestra pocilga; la conductora y la copilota vamos como reinas, pero la pobre de atrás apenas tiene sitio para sentarse: todas las cosas que no tuvimos tiempo de meter ordenadamente en el maletero están en los asientos (nevera, abrigos, zapatos, alguna mochila, comida, bebida...).

Empezamos a delirar: madre mía, pero ¿dónde vamos a ir a parar? ¿Y si no paramos? ¡Oye! ¿Y si vamos a Futuroscope? ¡Jajajaja! Paramos en una gasolinera y vemos un mapa de Francia que nos pone los pies en la tierra: Futuroscope está en el quinto pino y pronto se hará de noche.

Nuevo plan: pararnos donde creamos que habrá un cámping. Y el elegido es... ¡Burdeos! Vemos una indicación para un cámping. ¡Estamos salvadas! Y encima, la lluvia ha amainado. ¿Qué más se puede pedir? Decidimos que al día siguiente visitaremos la ciudad tranquilamente y sin lluvia (aún conservábamos la esperanza). Llegamos al cámping, donde había menos ambiente que en un entierro, y buscamos una plaza ni muy alejada ni muy cercana de otras tiendas. Empezamos a montar la tienda lo más rápido posible porque nos quedamos sin luz solar (recuerdo que no llevábamos cámping gas), pero el suelo está tan mojado que no queremos ponerla tal cual o acabaremos con una neumonía. Menos mal que sí llevábamos... ¡bolsas de basura! Ponemos una primera capa "protectora" y... cae la noche. Montar una tienda de campaña con la luz de la linterna y de los móviles sólo se lo recomiendo a los más intrépidos. Y vuelve la lluvia... Con la satisfacción del trabajo bien hecho y tan empapadas como encanadas de la risa, nos empieza a entrar el hambre. Pero... ¡si no llevamos sillas! ¡Y llueve a cántaros! Cargamos con los bártulos (platos, cubiertos, vasos, fuet, queso, pan, tomate...) y vamos a mendigar a la recepción para que nos dejen sentarnos ahí para cenar. El recepcionista no sale de su asombro y nosotras apenas podemos comer de la risa que nos da la situación, sobre todo cuando llegan nuevos campistas y nos ven allí, dando pena pero muertas de la risa.

Visita cultural: por la mañana nos vamos del cámping con la tienda chorreando y dejando una reserva natural de ranas bajo nuestra capa protectora; y nos vamos a ver Burdeos. Tras dar mil vueltas intentando encontrar un sitio para aparcar, dejamos el coche en un párking de "zona azul". ¿Para cuántas horas ponemos ticket? ¡Pero para todo el día es carísimo! Bah, nos la jugamos, si lo mismo no pasan... Burdeos es muy bonita, hasta cogimos el trenecito que te da una vuelta y nos comimos un helado (eso sí, con un frío de mil pares). De Burdeos recuerdo vagamente una historieta con un niño que era "nuestro hijo", algo de unos auriculares... y muchas risas. Cuando nos cansamos de la ciudad volvimos a casa, es decir, al coche, para decidir cuál sería nuestro siguiente punto: aún nos quedaba un día de vacaciones. Como souvenir de Burdeos nos llevamos una multa (que nunca pagamos): obviamente sí pasaron a controlar el ticket.

Crisis: puede que mis compañeras de viaje no la sufrieran, pero lo dudo. Tras varios días en la carretera delirando y riendo (muchas veces por no llorar) y sabiéndonos víctimas de los caprichos de la condensación atmosférica, yo empecé a desesperar. Estábamos volviendo hacia la península, así que nuestro rumbo era "hacia abajo" pero sin saber dónde caeríamos muertas. Al final optamos por la misma máxima que nos guió cuando empezamos a subir en el mapa: conducimos hacia abajo hasta que pare de llover, y ahí que nos quedamos. Pero después de más de 6 horas de volante y con todo el cansancio encima (y puede que el mal olor, porque creo que en Francia ni nos duchamos) la idea de conducir un "poco" más y dormir en nuestra cama calentitas y no en una tienda de campaña que estaba lista para escurrir se volvió muy tentadora...

Volvemos a la carga: ¡Pero no podíamos rendirnos! Si no habríamos fracasado: ¿terminar las vacaciones 24 horas antes de lo previsto? ¡Antes muertas! No sé cómo surgió la idea, fue algo como Oye... ¿¡y si vamos a un pueblo en fiestas!? Nos pareció un planazo a las 3, aunque no podíamos creer el grado de locura que habíamos alcanzado en tan pocos días. El cansancio desapareció y nos embargó un sentimiento mezcla de emoción y nervios: habíamos perdido la cabeza. ¡Síiiii! ¿¡Qué pueblos hay ahora en fiestas!? ¿A qué nivel del mapa estamos? ¿Por Navarra? Utilizamos el comodín del público para llamar a la persona adecuada que nos dio la solución y... nos desviamos hacia TUDELA.

No pares, sigue, sigue: ¡Esta fiesta no termina! Aparcamos, nos hicimos con un pañuelo rojo para mimetizarnos con el entorno y cenamos un kebab que me supo a gloria. ¡Los pueblos en fiestas son lo mejor! Nos metimos en un círculo humano en el que no podías parar de correr, bailamos en la calle, bebimos, nos reímos muchísimo y nos hicimos una caricatura para inmortalizar el momento. Dormimos en el coche como benditas. A la mañana siguiente nos despertó una fanática del pueblo: llevaba todos los complementos necesarios para ser la perfecta peñista (pañuelo, gorro, recuerdos de la romería...) ¡hasta se había pasado a ver a la virgen del pueblo! Cuando descubrimos que la fan número 1 de Tudela era nuestra amiga... decidimos que era el momento oportuno para terminar el viaje.

FIN

Moraleja: Empezar un viaje a priori "planeado" y terminar haciendo kilómetros como cosacas para acabar en un pueblo de Navarra en fiestas el mismo día en que has estado en Burdeos... ¡no tiene precio y merece ser contado!

Moraleja 2: Si os pasa algo similar, recordad que al mal tiempo, buena cara. ¡Fue un viaje memorable!

Recorrido original: en morado.
Recorrido improvisado: azul, rojo y amarillo.
Despertarse en Burdeos y acostarse en Tudela en fiestas... ¡no tiene precio!