16 de enero de 2015

Marsella, sus alrededores... y la huelga del jabón

Puede que ya haya mencionado de pasada en el blog que el verano parisino es muy inestable (tanto, que a veces ni hay). Es por esto que los habitantes de la capital huyen en agosto hacia tierras más cálidas (digo yo). Como resultado tenemos un mes de agosto desierto: muchísimos comercios cerrados, las calles vacías, el metro con asientos libres, autobuses con menos frecuencia... Vamos, que da gusto estar en París, sin atascos, ni gente estresada, etc., sobre todo la semana alrededor del 15 de agosto, ya que muchos utilizan esta fiesta para coger puente. Este año, sin embargo, me uní a la moda del puente del 15 de agosto. Sin pensar en las consecuencias, claro está.

Hartos de ver pasar los días de verano sin poder utilizar las sandalias, nos cogimos un tren que nos llevara a Marsella. Allí habíamos reservado un Bed&Breakfast para la primera noche. Al día siguiente, cómo no, nos iríamos a recorrer la costa un poco a lo loco. ¿Quién necesita organizar un viaje cuando lleva una tienda de campaña y ha alquilado un coche? Pues la primera en la frente: las agencias pedían un ojo de la cara por alquilar durante 3 días... Lo bueno es que fue así como descubrimos el alquiler a particulares. Esta opción nos salió mucho más barata, pero como lo reservamos todo a última hora, apenas quedaban coches libres... ¡¿Qué hacemos?! Pues solicitar todos los coches y el primero que nos responda, lo aceptamos. Fue así que alquilamos una furgoneta de mudanzas. Ideal para una escapadita de fin de semana romántico.

Una vez conseguimos transporte para movernos a nuestras anchas por allí, descartamos la idea de reservar hoteles/albergues o sucedáneos: nos sale mejor de precio comprar una tienda de campaña e ir de cámping. Dicho y hecho. Tienda de campaña y mochilas en mano, nos subimos al tren. Previmos un montón de artefactos útiles en caso de no encontrar cámpings: gel desintoxicador para las manos (por si no podemos lavárnoslas antes de comer o después de hacer pipí), sacos de dormir (por supuesto, nos olvidamos de las esterillas), gran cantidad de botellas de agua (para beber y asearnos, en caso necesario), rollos de papel higiénico en abundancia (por si la necesidad aprieta lejos de la civilización), etcétera.

Llegamos a Marsella. Magnífico Bed&Breakfast y paseíto por el paseo marítimo acompañados de nuestras chaquetas (¿quién nos dijo que en el sur hacía calor?). Vimos la catedral y rodeamos el puerto. Al día siguiente fuimos a recoger nuestra furgo, que fue el origen de grandes momentos de risa (imaginaos el panorama... eso sí, detrás nos cabía todo, ¡menudo maletero!), y después decidimos visitar la basílica de Notre-Dame de la Garde. Lo mejor de subir hasta ahí, además de la basílica en sí misma, son las vistas. Al bajar, nos pusimos rumbo a las calanques (o calas) para disfrutar de un poquito de playa.

Vista de Marsella desde las alturas de la basílica de Notre-Dame
Si tenéis pensado ir al sur de Francia, las calanques son un lugar que no os podéis perder, claro. Son calas repartidas por la costa azul, cuyo contraste blanco (por las rocas) - azul (por el mar) me pareció precioso. Algunas son de fácil acceso (las más turísticas) y para otras es necesario andar un poquito (o a veces un muchito). No recuerdo el nombre de aquellas en las que estuvimos (da un poco igual, son todas muy chulas), pero sí os puedo aconsejar tener cuidado si vais a hacer pis por los montes de al lado... (esta historia la contaré otro día, no es apta para niños). Estuvimos en una de estas calas hasta entrada la tarde. El agua invitaba a bañarse pero su temperatura no, por lo que preferimos tomar el sol en las rocas. Nuestro plan de visitar otras calas se fue apagando a la velocidad de la puesta de sol: había que encontrar un lugar para dormir antes de que eso ocurriera. Así que pusimos rumbo a Cassis, un pueblo muy bonito donde al día siguiente podríamos disfrutar de más calas. Conforme el reloj avanzaba, la tranquilidad de las vacaciones iba siendo remplazada por el nerviosismo de dónde caernos muertos. Menos mal que en el pueblo había un cámpig...

...Lleno, por supuesto. Claro, ¿quién necesita organizar un viaje cuando lleva una tienda de campaña y ha alquilado un coche? Pues todo el mundo si la fecha gira en torno al 15 de agosto. Oh, oh. Así que nada, ¡a la aventura! Por suerte encontramos un campo de olivos frente a unas viviendas, junto a la carretera pero oculto por arbustos. ¡Perfecto lugar para pernoctar! Como buenos campistas, preguntamos a los vecinos de las casas si podíamos acampar en su campo, que resulta que no era suyo pero nos dijeron que no nos preocupáramos, que no llamarían a la policía. Terminamos de montar la tienda justo antes de que cayera la noche, y para entonces unos alemanes se habían unido a nuestro campamento. Lo malo de acampar fuera de un cámping es que no puedes irte y dejar la tienda ahí abandonada, así que en lugar de un paseo nocturno por el pueblo, nos fuimos a dormir pronto (yo haciendo como si no supiera que había arañas saltadoras en los arbustos de al lado...). Oh, oh: nos habíamos olvidado las esterillas, y la tierra estaba tan dura que hasta había formado piedras de tierra... No hay dolor, somos jóvenes. Oh, oh: también nos habíamos olvidado... la linterna. Los vecinos han sido tan majos antes... ¿Y si les pedimos una linterna? Volvimos a llamar a su puerta y, sin ninguna vergüenza (bueno sí, mucha, ¿pero qué opción teníamos?) pedimos una linterna que muy amablemente nos prestaron.

Cuando amanecimos a la mañana siguiente los alemanes ya se habían ido, y es que a quien madruga... no lo achicharra el sol. Tras una noche de frío (por haber olvidado las esterillas), dolor de espalda (por lo mismo) y calor infernal (porque el sol llevaba en pie desde las 5 a.m.) nada nos podría haber reconfortado tanto como una buena ducha... que no pudimos darnos. ¿Qué más da? Nos bañamos luego en el mar. Visitamos el pueblo, que es bastante chulo, y descansamos al sol en una calanque preciosa (sí, habéis leído bien: "descansamos", el agua no estaba como para bañarse...). El viaje continuaba rumbo a La Ciotat, que también me encantó. Nos "perdimos" por sus calles disfrutando del calorcito y el sol. Entre ambos pueblos hay una ruta que no pudimos hacer por exceso de viento, pero aun por la carretera menos bonita, los paisajes fueron increíbles.

                       

La Ciotat se parecía a Cassis (pueblo mediterráneo, colores marrones y amarillos, sol, vacaciones...) sobre todo por una cosa: la historia se repetía, los cámpings estaban llenos. El problema es que esta vez no encontramos ningún lugar escondido donde instalarnos. Puesto que teníamos aún bastante tiempo, continuamos hasta el siguiente pueblo, esperando encontrar allí un lugar donde pasar la noche. Saint-Cyr-sur-Mer, además de ser un pueblo demasiado turístico, también tenía un cámping (completo). La buena noticia es que sí encontramos un lugar donde acampar, pero por estar un poco más aparente que el de la noche anterior, decidimos esperar a que se hiciera de noche para montar el chiringuito (total, ya lo habíamos hecho una vez, y además con muy buenos resultados). [Inciso: la verdad es que también habíamos encontrado un campamento de gitanos nómadas con sus furgones pero nos pareció mal acoplarnos. Aunque cada vez que volvíamos a pasar junto a ellos se convertía en una opción más atractiva. Fin del inciso]. Nos engalanamos (aquella noche estábamos de celebración), o al menos todo lo que se pueden engalanar dos personas que no se han duchado en día y medio y tienen sus pertenencias en mochilas en el maletero de una furgoneta de trabajo, y salimos a pasear y cenar por el centro. Por supuesto, a la hora de ir a dormir, no teníamos fuerzas para montar la tienda...

Así que aparcamos el coche en una colina, junto a unas casas muy monas. ¿Para qué montar la tienda si en este enorme maletero caben 2 personas? Pues porque el maletero tenía unas protuberancias que imposibilitaban pasar la noche... ¡A los asientos delanteros se ha dicho! Un par de toallas colgadas para que no se nos vea a través del parabrisas y las ventanas... se reclinan un poco los asientos (poco, porque no daban más de sí)... unos malabarismos para hacer pipí antes de dormir que tuvieron fatales consecuencias para mi pantalón "de gala"... (una vez te instalas y has visto a un zorro en el bosque de enfrente, prefieres no ir muy lejos...), unas risotadas y unos rezos para no morir ahogados durante la noche por el mal olor... (dos días sin duchar) ¡Y a dormir!







¿Se duerme bien en un coche? Bueno... ¿Pasamos tanto frío como la noche anterior? No. ¿Nos dolió la espalda como la noche anterior? Sí. Pero ya estábamos listos para retomar la ruta, porque no nos habíamos puesto ni el pijama. Cansados de ese mar que invitaba a pasar el día a remojo pero que te cortaba la circulación en cuanto metías el dedo gordo del pie, preferimos ir a visitar los pueblos del interior. Ale, ¡carretera y manta! Así es como descubrimos La Cadière-d'Azur, que ¡me encantó!, y Le Castellet, que también me encantó pero un poquito menos que el anterior. La Cadière es un pueblo precioso y con muchas cuestas. Está fortificado sobre una colina desde la que se puede ver el mar y al principio nos pareció un pueblo bastante grande, pero después descubrimos que era porque habíamos aparcado abajo del todo (en fin...). Le Castellet también es muy bonito y está construido sobre una colina. Esta vez no nos equivocamos en el aparcamiento, porque el acceso al pueblo en coche está prohibido. Tienen un párking para los turistas y, si eres un poco más espabilao y tienes suerte, puedes aparcar en los alrededores gratis. Pero... ya iba siendo hora de volver. Deshicimos el camino de la ida con un pequeño cambio: para ir de La Ciotat a Cassis cogimos la ruta de las Crestas (route des Crêtes), que es la carretera por la que no pudimos ir en un primer momento por exceso de viento. Subía muy alto por curvas a veces bastante cerradas... pero las vistas merecen la pena. Cada pocos metros bajábamos del coche para disfrutar del paisaje, hacernos unas fotos en el que oímos decir era el acantilado más alto de Europa y ver los dos pueblos, uno a cada lado de la montaña.

                         
                                     La Ciotat a un lado...
... y Cassis al otro
Fue un viaje poco higiénico, todo hay que decirlo. Así que por una parte, "menos mal" que estuvimos pocos días... Lo bueno de ir más tiempo es que la zona merece la pena ser recorrida. Eso sí, no vayas para el puente de agosto.

Nota: si se va un poco más al interior, también se puede disfrutar de la visita a numerosos viñedos y aprovechar para hacer una degustación de vino... o para robar un racimo de uvas (y que con un poco de suerte no estén ácidas).

2 de enero de 2015

Año nuevo, viaje nuevo

2014 ha estado lleno de pequeñas escapadas y un gran viaje.
Como con todo, he olvidado en qué momento hice algunos de ellos y seguro que me dejo un par en el tintero... Fruto de semejante don de memoria creé este blog, para acordarme al leerlo de todas las cosas que he tenido la oportunidad de ver.

En 2014 hice un montón de cosas...

Viajé por Francia, descubriendo Metz y sintiéndome como si estuviera en Alemania (la arquitectura es taaaan parecida que no paraba de sorprenderme cuando oía hablar francés y no alemán); Marsella y algunos pueblos de los alrededores en un viaje que se caracterizó por ir de mal en peor en cuanto a comodidad e higiene se refiere; nos fuimos de visita exprés al Monte St Michel, donde nos reímos al oír hablar del estilo arquitectónico gótico normando (venga ya...); y terminamos el año visitando el festival de las luces en Lyon, donde cada día añadía una capa de abrigo a mi indumentaria.

                    

Además, y como cada año, tuve que hacer una visitilla por Alemania, donde conocí la ciudad de Wiesbaden (que se parece a la de Metz :P) y pasé frío hasta para dormir.

También fue un año de suerte y nuevas experiencias: me tocó un viaje a Cuba (increíble pero cierto) y aunque no fue lo que esperaba, hice muchas cosas por primera vez: viajar en primera clase, ver delfines y bucear en un coral (no muy bonito, eso sí), comer langosta, ir a un hotel todo incluido (experiencia que no es para mí...), pasear a la luz de la luna llena por la playa (y no disfrutar porque las sombras me daban mal rollo), coger una estrella de mar y volar en un avión con goteras (y vivir para contarlo).

Pero como he descubierto que tengo depresión post vacacional, nada más volver de este viaje organicé otra escapada a los dos meses. ¿Dónde? Donde haga sol, haya mar y esté al sur... Así que nos fuimos a Croacia, que ha sido el descubrimiento del año (y eso que fuimos al norte, que al parecer es la parte "fea").


Y, puestos a pedir sol, mar y calor hice una escapadita a Mutriku, en el País Vasco. Hizo buen tiempo (supongo) y hasta nos bañamos (y luego nos resfriamos). Me tocó dormir en un saco con olorcillo a queso (eso sí, muy calentito) y sufrir una "noche del terror". Menos mal que comimos abundante y la gente fue de lo más simpática.

Como experiencia "loca" del año, de esas que luego cuentas y quedas como una súper aventurera (aunque en verdad no lo seas), fue el paseo en parapente en Panticosa, en el Pirineo aragonés. La actividad en sí dura poco e incuso es relajante. Las locuras llegaron más tarde ese mismo fin de semana... (la crisis de los 25 es muy dura).

Me parece que ¡eso ha sido todo, amigos!

Ya solo me queda brindar por poder seguir disfrutando de muchos más viajes. Por el momento, ya tengo algunos en la agenda... Irlanda, Teruel (¿¡qué pasa!? Teruel existe), Edimburgo, Alemania (no podía faltar. Pero esta vez nada de pasar frío, ¡iré en verano!), ¿Perú?, ¿Birmania?...
Quién sabe ;-)

27 de diciembre de 2014

10 sueños viajeros cumplidos

Empecé a elaborar mi lista de sitios que ver antes de morir cuando era pequeña. Seguramente entonces no me dije "lista de sitios que ver antes de morir", sino "sitios que tengo que visitar en mi vida" -los niños no son tan pesimistas como para ir pensando en la muerte... Pero desde muy pequeña ya tenía varios en mente y he tenido mucha suerte de poder cumplir algunos de la lista original y otros que se han ido sumando con los años.

¿Queréis saber cuáles son?

Visitar el lago Ness
Con todas esas leyendas del monstruo submarino, ¿qué niño no se sentiría fascinado por un lugar así? Fue una experiencia genial que compartí con los amigos que hice en Edimburgo. No podía creer mi suerte cuando estuve allí. Imagínate, ¡con 15 años y cumpliendo un sueño viajero! Puede que no viera al monstruo (tendría que haber llevado galletas Oreo), pero fue una experiencia inolvidable.


¿Hay algo más tentador cuando eres joven y has visto Crossroads? La peli es una basurilla, pero la idea que se implantó en mi mente y la de mis amigas no nos abandonó hasta que vimos nuestro sueño hecho realidad. ¡Ahora queda repetirlo a lo grande! (¿Ruta 66?)

Pasear por Venecia y montar en góndola
¿Una ciudad donde los taxis son barcos y la gente se transporta en góndola? ¿Una ciudad donde los edificios flotan sobre el agua y la marea sube y cubre la plaza de la catedral? Con estas descripciones, ¿quién no tiene ganas de ir a experimentarlo? Me pareció preciosa y, gracias a mi falta de sentido del olfato, ni me di cuenta de que olía mal, como todo el mundo clama. Eso sí, la ola de calor, la falta de agua y una tipa (que era nuestra guía) bastante insoportable casi hicieron que el sueño se convirtiera en pesadilla.


El primero de estos fue a la República Checa, con mis amigos de la universidad. Yo estaba acostumbrada a planearlo todo bastante y este fue casi de una semana para otra. ¡Y salió genial! Desde entonces he tenido varios de estos: Marsella, Croacia, el Monte Saint-Michel...

Superar mis miedos
Vale... aún me quedan muchos y me han salido otros nuevos, pero lo importante es que algunos los he "superado" (o al menos hago como que no me da miedo en vez de montar un espectáculo). Por ejemplo, ya no entro en pánico modo "vamos-a-morir-todos" cada vez que hay una pequeña turbulencia en el avión (aunque siguen sin gustarme ni un pelo); y ¡me he bañado en un mar con medusas! (bueno, era una sola medusa... y el agua estaba muy clara así que se la veía perfectamente, por lo que guardar las distancias era muy fácil... ¡pero lo que cuenta es que lo hice, y sin gritar!). Eso sí, aún me da mal rollo ver los peces del mar a mis pies, y conforme los años avanzan más aprensión tengo a los bichos... ¿No debería ser al revés?

Visitar Stonehenge
Leyendas, druidas, misterios místicos... Tuve la oportunidad de visitarlo hace varios años, y además lo hice acompañada por amig@s que hicieron que fuera un día memorable.


Viajar a un lugar exótico
¡Y lo he hecho por partida doble con Martinica y Cuba! Playas de arena blanca, aguas cristalinas, beber directamente en coco, el Caribe, historias de piratas, música caribeña, el descubrimiento de la guayaba y el guarapo... Aaaah, los buenos tiempos.


Pasear por lugares que inspiraron Harry Potter
Así de friki soy. En mi defensa diré que esto nunca fue mi objetivo pero la vida ha querido que se convirtiera en algo así gracias a las sorpresas que me han deparado algunos destinos. Así, por ejemplo, mi primer viaje fue a Edimburgo, donde no solo está la cafetería en la que la autora escribió buena parte del primer libro, sino también un montón de lugares relacionados con el mundo mágico que inventó. También pasé mi primer Erasmus en Exeter (donde estudió J.K. Rowling) donde, de camino a la universidad, pasaba cada día frente a la tétrica mansión que inspiró la casa de los gritos, o iba de compras por Gandy Street (calle en la que al parecer se basó para construir el Callejón Diagon). Además, y ya que estaba allí, cuando fui a Londres no perdí la oportunidad de visitar el Andén 9¾.

La Habana es un lugar mágico, pegajoso y maloliente que querrías recorrer durante días para conocer cada rincón. Por supuesto, sigue estando en mi lista de sitios que visitar.

Yo era más de pensar que puedes tener muy buenos amigos extranjeros pero que nunca será lo mismo que con los amigos con quienes te entiendes a la primera, por eso de hablar la misma lengua materna. Pues ahora ¡ya me puedo comer mis palabras! He hecho amigos de los buenos (eso sí, pocos) con los que llego a entenderme aunque no sepa cómo decirlo. Y es que, como leí una vez, la comunicación es una actitud.

*

Tener 10 sueños viajeros cumplidos es tener mucha suerte. Y lo bueno de viajar es que, si quieres, nunca se acaba. Cuando tachas un lugar de tu lista aparecen tres más, así que nunca te quedas sin objetivos. Algunos de los próximos que quiero cumplir son estos:

Recorrer la muralla China (al menos una parte,que el cuerpo ya no está para esos trotes)
Contemplar el amanecer en lo alto de Bagan con vistas sobre todos los templos
Ver la aurora boreal y el sol de medianoche
Viajar a Marruecos y comer cada día pasteles de pistacho
Pasar unos meses en África impregnándome de la cultura y recorriendo varios países
Emocionarme con las cataratas de Iguazú
Subir a los fiordos noruegos (y acercarme al precipicio tumbada para disminuir el vértigo, qué yuyu)
Visitar el Gran Cañón (y, de paso, hacer un viaje en coche por EE.UU.)
Aprender sobre las culturas inca, azteca y maya in situ
Escribir un libro (o varios jiji) basados en lo que he visto y vivido durante mis aventurillas


Claro que la verdadera lista de lugares "por visitar" es bastante más larga que esta, pero no pierdo la esperanza de poder realizarla y dejar "espacio" para otros nuevos. Si es que, una vez que haces pop en esto de los viajes... ¡ya no hay stop!

13 de noviembre de 2014

Alquiler de coche: la alternativa

Hay muchas maneras de viajar pero pocas te ofrecen tanta flexibilidad horaria y libertad de ruta como Alquilar un coche suele ser una buena idea cuando vas a un destino un poco perdido de la mano de dios, cuando los billetes de tren/avión son demasiado caros o cuando quieres ir a tu rollo y no depender de horarios y estrés de "voy a perder el autobús". El único problema es que, a veces, resulta un poco caro. Si además sois tan poco organizados como yo y muchos de vuestros viajes cortos los preparáis con dos días de antelación y/o en fechas señaladas (puentes y festivos nacionales), los precios de las agencias de alquiler se dispararán haciendo que os quedéis en casa sin viaje o que os gastéis un dineral.
el coche.

Por suerte, hay una alternativa que yo conocí hace poco y que ha resultado muy barata y mucho más cómoda: alquilar a particulares. Esto es: alguien tiene coche que no utiliza y decide alquilarlo para ganarse un dinerillo extra sin hacer esfuerzo.

¿Por qué es una buena idea alquilar a particular?

1. Precios más bajos
Algunos utilizarán este medio para hacerse de oro, pero yo creo que la mayoría de particulares parten del principio de que "con cualquier tarifa que ponga ganaré dinero" y por esto los precios suelen ser asequibles. Claro que hay de todo, pero puedes encontrar coches en muy buen estado por menos dinero que en una agencia.

2. Mayor flexibilidad horaria
No dependes de los horarios fijos de una agencia, sino que tú te organizas con el propietario para recoger y entregar el coche. Si te va mejor recuperarlo a las 22h y estáis de acuerdo, adelante. Si vas a entregarlo un poco más tarde de lo establecido, puedes llamar al propietario para avisarle y, con suerte, no te facturará un día adicional. (Claro, esto depende de cada propietario, pero en general prima el buen rollo y no suele importarles).

3. Kilometraje adicional más barato (o sin kilometraje adicional)
Me parece que en España no suele haber kilometraje limitado, ni siquiera por agencia, pero en Francia esto es harina de otro costal. Si alquiláis un coche aquí, tan solo vienen incluidos 100km al día, y cada km adicional tiene un precio variable (en torno a los 0,25€ por km). La mayoría de los particulares (franceses) también establecen un kilometraje limitado a 100km, pero sus tarifas por kilómetro suplementario son mucho más bajas (en torno a los 0,8€). De nuevo, en España no suelen poner kilometraje limitado.

4. Trato más familiar
El dueño del coche quiere que todo vaya bien por lo que te facilitará la tarea. Habrá excepciones, pero en general la gente es agradable y servicial. Las veces que yo he utilizado esta opción ambos particulares han sido muy simpáticos y "de fiar". La segunda vez, de hecho, hasta nos dejó el coche un día más y sin coste adicional.

5. Menos sorpresas desagradables
Las compañías de alquiler de coches juegan mucho con la letra pequeña, y si no estás atento te puedes llevar un disgusto económico. Los particulares, al ser un trato más cercano y menos dirigido a hacer negocio, no suelen ir a buscar las cosquillas. No serán tan pesados con controlar el estado del coche a su devolución (esto es, no lo van a controlar más que cuando te lo prestaron, sino igual) ni con el depósito de gasolina, siempre y cuando esté más o menos a la misma altura.


He de decir que mi experiencia en alquiler de coches en España es casi inexistente, pero tras algunas experiencias francesas os lo recomiendo como alternativa. Ambos propietarios fueron la mar de simpáticos y nos facilitaron mucho la tarea (al devolver el coche, uno de ellos nos llevó hasta casa y todo). No nos pusieron trabas cuando lo entregamos un poco más tarde de lo establecido (o incluso nos lo dejaron un día más) ni cuando vieron que habíamos superado el límite de kilómetros contratado (claro que recompensamos llenándole el depósito más de lo establecido).

Algunas de las páginas web para alquilar de particular a particular son: MovoMovo y SocialCar en España; o Drivy y OuiCar en Francia. Tal vez es porque yo he tenido una muy buena experiencia, pero sin duda lo recomiendo.

7 de noviembre de 2014

Homburgo (que no Hamburgo)

Berlín, Múnich, Colonia, Frankfurt, Dusseldorf, Stuttgart, Leipzing, Hamburgo... Hay muchas ciudades importantes y famosas en Alemania que suelen ser las primeras visitadas si te dejas caer por estas tierras. Yo, sin embargo, empecé por Homburgo (que no Hamburgo). ¿Qué se me había perdido a mí por aquellos lares? Nada, la verdad; pero como ocurrió con Martinica, si un amigo te propone ir porque es su ciudad natal, pues allí que te vas. ¡Nunca hay que negarse a un viaje!

Esta vez el destino suena menos exótico, claro. Encima cada que vez que dices que vas a visitar Homburgo todo el mundo entiende que vas a Hamburgo. Que noooo, ¡pesaos! Homburg es una pequeña ciudad al ladito de Francia, que forma parte del estado de Sarre, uno de los más pequeños de todo el país. ¡Olé, olé! Resulta que Homburgo tenía muchas riquezas en carbón, y pasaron varios años que si ahora somos de Francia que si ahora de Alemania: ahora somos franceses, ahora alemanes, ¡que no, franceses! ¡alemanes! El resultado es que tal vez consigas hacerte entender en francés sin necesidad de hablar una palabra de alemán (¡uf!).

Seguro que estáis pensando que soy una pringadilla y que quién me engañó para irme a ese rincón desconocido y perdido... Pues ¿a que no sabíais que...?


Plaza del mercado e iglesia St. Michael
Foto vista aquí
Homburgo tiene un castillo en las alturas y rodeado por el bosque (castillo de Karlsberg), desde donde se puede ver toda la ciudad. Vale que hoy el castillo está un tanto en ruinas tras su destrucción por las tropas francesas, pero esto le añade aún más encanto.

Homburgo es una ciudad integrada en el bosque. De un barrio a otro a veces hay atajos yendo por plena naturaleza. ¡Já! Tiene muchos parques y parajes naturales, perfectos para hacer deporte, pasearse, respirar aire fresco, abrazar árboles (cosas de alemanes...) y escuchar a los pajarillos cantando. Además tiene un lago en los alrededores y cuando hace buen tiempo se organizan innumerables barbacoas y fiestas.

Homburgo tiene un centro ciudad pequeñito (como el resto de la ciudad, claro) pero muy mono, con una plaza del mercado coronada por la iglesia St. Michael.

Cuando se acerca Diciembre, levantan un mercadillo de Navidad. Vale, ahí me habéis pillado... seguro que todas las ciudades alemanas tienen un mercadillo de Navidad... Pero el de Homburgo seguro que es de los más pequeñitos, ¡ala!

Tanto me integré que no se diría
que no soy alemana
Foto vista aquí
Además, y como buena ciudad alemana, Homburgo ¡tiene una fiesta Oktoberfest! Solo que se llama Bockbierfest y se celebra a principios de noviembre. Antes de ir me previnieron de que la cerveza era muy fuerte y no muy buena, pero todo pamplinas. A mí me encantó (claro que casi acababa de llegar de Bélgica, donde me bebí hasta el agua de los charcos): jarras grandes, gente maja, grupos folclóricos tocando música tradicional... Me hice un papelito con las letras de la canción principal y pasé completamente desapercibida ;-)

Por supuesto, esta Bockbierfest se celebra con la cerveza propia de la ciudad. Eh, ¿qué os pensábais? Homburgo tiene su propia brasería, de la que sale la cerveza Karlsberg (que no Carlsberg).

Pero sobre todo, Homburgo tiene gente la mar de maja y acogedora que harán todo lo posible por hacer que te sientas como en casa aunque no entiendas ni papa de alemán. Y, al fin y al cabo, ¿no es eso lo que cuenta?


*
Dejando a un lado lo buena que pudiera ser mi primera experiencia en Alemania, no dudes en pasarte por Homburgo si estás por la zona. Subir al castillo, tomar una Karslberg (o emborracharte a muerte si vienes para la Bockbierfest), pasear por el bosque, respirar aire fresco, disfrutar del paisaje...

Homburgo es la prueba de que hasta los rincones menos populares en las guías tienen algo que ofrecer ;-)

29 de octubre de 2014

8 cosas que no voy a echar de menos de París

Esta mañana yendo al trabajo en bici, he tenido un altercado / semi-accidente con un coche. No preocuparsen, solo ha sido un pequeño golpe del manillar contra la puerta porque la señora "llevaba mucho rato queriendo salir del coche" y no ha mirado por el retrovisor -o si ha mirado y me ha visto le ha dado igual. El caso es que yo (más bien el manillar) me he comido la puerta del coche y he obtenido como respuesta a mi grito de pánico un "lo siento" sin apenas mirarme y casi enfadado, como si fuera mi culpa. Así se vive en París: alguien te "atropella" y, como tiene prisa, ni siente el hecho de haberte hecho daño...

De esta reveladora experiencia me he dicho que, sin duda alguna, no voy a echar de menos la falta de educación de los habitantes de París (ya comenté por aquí que primero te empujan y después se disculpan). Hay muchas cosas estupendas en esta ciudad, por supuesto, pero después de esta mañana se me han ocurrido 8 que no lo son tanto y que no voy a echar de menos cuando me vaya.

Paris, je t'aime... ou pas
La "educación"
Me da la impresión de que los franceses, y los parisinos, creen que son educados porque utilizan las palabras "disculpe", "por favor" y "gracias" todo el tiempo. Sí, las utilizan todo el tiempo y hablan muy correctamente, pero faltando al respeto con su tono y sus acciones: empujones, insultos, miradas asesinas, cortar la palabra del interlocutor con un "bonne journée" que te duele como una bofetada... La educación es algo muy subjetivo.

Heeeeuuu, maaaiiis, bah, ben, écouuuute, j'sais pas, pffff
¡Utilizad más palabras y menos onomatopeyas! ¡Aaargh! La mayor parte del tiempo no me importa, pero cuando tienes en el metro a un par de amig@s presumiendo de yo qué sé y repitiendo cada dos palabras las expresiones "heeeu, pfff, ben, tu vois? bah, j'sais pas mooiii"... ¡ganas de matar aumentando!

Las compras en fin de semana
Nunca voy de compras durante el fin de semana, pero si por casualidad paso por algún sitio con tiendas... ¡me pongo de los nervios! Tanta gente con bolsas, empujando, haciendo cola, yendo de aquí para allá... No hay apenas sitio para moverse.

Las colas
Foto de deanoworldtravels.wordpress.com
Este punto debería estar más arriba... y es que en París se hace cola para todo. ¿Que hace bueno y quieres ir a tomar un helado a la Isla St Louis? Muy bien, pero otros 500 parisinos querrán lo mismo y el tiempo que pases en la cola será el triple del que tardes en comerte el helado. ¿Que es el primer domingo de mes y quieres ir al museo (porque es gratis)? Pobre iluso, más te valdría pagar la entrada y no esperar 3h en el frío polar... ¿Que quieres ir a ver una película al cine? Pues no te lo pierdas porque ¡hasta para entrar a la sala se hace cola! Siempre lo he dicho: si numeraran los asientos estas cosas no pasarían... Por supuesto, de las colas típicas ya ni hablamos (Louvre -algún día os revelaré una puerta "secreta" por la que accedes en un plis-, Notre Dame, Torre Eiffel...).

Los "gorilas"
O porteros de bar y discoteca. En algunos lugares serán necesarios, pero aquí son más un filtro que otra cosa: tú no estás bien vestido, fuera; tú no cumples con el perfil de la discoteca, fuera; tú estás disfrazada muy fea, o pagas entrada o fuera (esta última basada en hechos reales y vivida en carnes propias - fue para Halloween, no penséis que voy disfrazada a todas horas, esto no es Inglaterra).

Las connotaciones o nuances del francés
-¿Vas a venir a tomar algo esta tarde?
-En principio sí.
Esto quiere decir que: puede que sí, puede que no; pero si al final no aparezco por allí, no me lo eches en cara porque ya te dije que "en principio". Y de este estilo tenemos un millón de fórmulas imprecisas que quieren decir todo y nada pero que te cubren las espaldas. En Francia no se puede decir eso de "hablando se entiende la gente"...

Las prisas
En París todo el mundo parece llegar tarde siempre, porque sino no me explico cómo puede molestar tanto a alguien quedarse fuera de un metro en el que iría embutido, ni cómo se puede reaccionar con tanta violencia (sobre todo verbal) o bufando como un gato a cualquier individuo inocente que te haga tomar un pequeño desvío en tu ruta (y por pequeño desvío me refiero a moverte 5 cm más a la derecha para no chocarte con alguien que viene de frente). ¿Cuánto tiempo has perdido, eh, eh? ¡Haber salido antes de casa y déjanos vivir tranquilos!

El metro
No solo por el transporte en sí mismo -que también (mal olor, demasiada gente, puertas asesinas al cerrarse, vida subterránea...)- sino por el mal rollo que se respira en el ambiente a veces. Una vez incluso vi a una mujer pegar un bolsazo a un hombre y después utilizar su paraguas como escudo para protegerse del contraataque...


Obélix siempre decía que 'estos romanos están locos', pero ¿seguro que no eran los franceses los locos?
Ils sont fous, ces parisiens !

24 de octubre de 2014

Trucos para no facturar el equipaje de mano (con Ryanair) ni pagar exceso de peso

¿Cuántas veces os ha pasado? Estáis haciendo la cola para embarcar y lleváis vuestra maleta de mano y vuestro bolso o mochililla (porque esto se supone que no cuenta como equipaje de mano), cuando de repente llega una azafata (de Ryanair, Easyjet y compañías por el estilo) y os dice "¡Sólo un bulto por persona! Tienes que meter el bolso en la maleta". Oh oh. ¿Meter el bolso en esa maleta de mano que ya va a tope y has tenido que sentarte encima para cerrarla? Imposible. Pero la otra opción es facturar esa minimaleta por 40€ o 50€ y ¡a eso sí que te niegas en redondo!

Parece ser que en estos últimos tiempos la compañía de Ryanair se ha calmado un poco al respecto y ahora sí dejan llevar una maleta de mano (que no exceda las medidas 55 cm x 40 cm x 20 cm) más un bolso pequeño (35 x 20 x 20 cm). Ya no piden a cada pasajero que meta su mochila o maleta en esos famosos cajones donde la maleta entra a trompicones y se necesita la ayuda de 3 personas para sacarla después... Pero como nunca se sabe y unos truquillos siempre vienen bien, os dejo un poco del conocimiento que adquirí durante mis años mozos viajando y sufriendo con la restricción de medidas, peso y cantidad de equipaje de mano impuesta por Ryanair.

1. Viajar con lo necesario
Primera regla: en las compañías Low Cost son muy pelmazos con el exceso de equipaje, lo sabemos. Pero aún así intentad llevar lo menos posible en la maleta y organizar esta para que quepa la mayor cantidad de ropa posible.

2. Llevar puesto lo que más abulte y pese 
Esto es: el jersey más gordo que os llevéis, las botas (aunque no es muy cómodo viajar con ellas), los vaqueros (pesan más que los pantalones de tela), la sudadera, el abrigo... Todo encima.

3. Viajar en modo cebolla 
Camiseta de manga corta, camiseta de manga larga, chaquetilla, jersey, sudadera, abrigo, bufanda, calcetines, botas. Cuanto más llevéis puesto... ¡más espacio en la maleta!
Michelin, el primer pasajero que adoptó
el método cebolla para viajar con Ryanair
4. Dejar espacio en la maleta
Esto es fácil decirlo pero no siempre es posible hacerlo. Siempre nos parece que "el bolso ya cabrá" y al llegar a la puerta de embarque... ¡sorpresa! No entra. Ya lo dicen las madres: más vale prevenir.

5. Utilizar el abrigo para tapar el bolso adicional
Si no me habéis hecho caso en el punto 4 y lleváis la maleta de mano y el bolso, y os dicen que nanay, que solo un bulto, sabed que hay varias soluciones. La primera es que, si lleváis un abrigo o chaqueta, os lo echéis al brazo con el que sujetáis el bolso de manera que este lo cubra. Parece mentira, pero os juro que a mí me funcionó todas las veces que lo hice con Ryanair. Tan solo hay que disimular para que no se note que hacéis un esfuerzo físico excesivo sujetando un "simple" abrigo.

6. "Ponerse" la maleta
La otra opción es, claro está, hacer hueco en la maleta de mano para que quepa el bolso. El problema es que la mayoría de las veces tanto la maleta como el bolso están a tope. Hay que adoptar medidas desesperadas (y no aptas para vergonzosos): ponerse más ropa encima. Sí, ya sé que habréis adoptado mi punto número 3, vais en modo cebolla y pesáis 4 kilos más que de costumbre... Pero siempre, siempre, podemos ponernos más ropa. ¿Cómo? Los vaqueros que pesan y ocupan en la maleta: utilizad las perneras para atároslos a la cintura (como si fueran un jersey); lo mismo con los jerseys: atados a la cintura; si lleváis pañuelos y bufandas: todos al cuello; ¿que viajáis con una plancha de pelo o secador que pesa y ocupa? ¡al bolsillo!; la cartera (la mía en particular es muy grande y pesada): en la mano o bolsillo; el libro que os pareció una buena idea llevar y es muy gordo: en la mano; la cámara de fotos: colgada al cuello, en un bolsillo o agarrada por el cinturón... Seguro que así hacéis hueco suficiente como para meter ese bolso de más. Eso sí, intentad cubriros lo máximo posible con el abrigo para que no se note vuestra extravagancia (no vaya a ser que no os dejen pasar, no por raros, sino por ir de listillos).

7. Llevar riñonera
Ocupa menos que un bolso y, aunque no caben tantas cosas, es más fácil cubrirla con la ropa que se lleva encima. Puede veniros muy bien para no tener las manos llenas con la documentación, la cartera...

¿Quién no conoce las temidas cajas de Ryanair?
Foto de http://www.ocholeguas.com/
8. Viajar con una mochila
(En lugar de una maleta de mano). He comprobado que sospechan menos de ti si llevas una mochila en vez de una maleta. Deben pensar que entran menos cosas o que son más pequeñas (lo cual no es necesariamente cierto), así que pasan un poco más de ti y no te acosan tanto como a otros para que metas la mochila en la "jaula de las medidas". Además, una mochila es más blanda por lo que será más fácil redistribuir el contenido y embutirla en la jaula en caso de que te lo pidan. Eso sí, cuidadín con la caja de cartón (no la de hierro) porque ésta da más problemas cuando llevas mochila: la caja debe entrar y salir perfectamente y sin deformarse... pero en la mochila, al ser más blanda, el peso se va abajo haciendo un bulto efecto barriga, lo cual facilita que la caja de cartón se deforme.

9. Meter la maleta en la jaula con las ruedas hacia arriba
Entra mejor, no corréis el riesgo de que éstas se rompan y las azafatas no tendrán duda de que cumple las medidas. Aunque seguramente necesitaréis ayuda para sacarla...


Aprovecho para recordaros que el límite de peso para el equipaje de mano es de 10kg (con Ryanair). También es cierto que rara vez pesan las maletas de mano, por lo que en este aspecto se tiene un poco más de libertad. Pero no os confiéis porque sí lo hacen en algunos aeropuertos, como en el de Charleroi, Bélgica (el único donde me la han pesado hasta la fecha).


Con estos trucos ya estáis preparados para burlar las restricciones viajar con Ryanair. Es posible que paséis algo de calor si vais como cebollines, pero en el avión podréis despojaros de todas vuestras capas... ¡sin haber pagado una facturación adicional!

Y vosotros, ¿tenéis algún otro truco?

(Puede que algunas consignas parezcan una locura, pero todo lo relatado está basado en hechos reales y se ha probado su eficacia en diferentes ocasiones.)