14 de marzo de 2015

¿Hay algún artista en la isla?

¿Qué sabemos de Irlanda? Que los irlandeses son muy simpáticos, que beben mucha cerveza, que la Guinness proviene de ahí, que la isla está "dividida" en dos, que hay muchas leyendas, que tiene paisajes muy bonitos y que siempre hace mal tiempo, ¿verdad? Pero a ver, ¿es que no os han enseñado a no dejaros llevar por los clichés? Con vosotros no se puede ir a ninguna parte... ¿Cuántas veces os han dicho que no se debe viajar con ideas preconcebidas? Vamos a tener que ir eliminándolas una por una:
"Aquí no hay extraños,
solo amigos que aún no se conocen"

"Que los irlandeses son muy simpáticos". Bueno, vale, esta la dejamos pasar porque... porque... pues porque justo esta es cierta. Claro que maleducados, bordes y personas con el día torcido nos las encontramos en cualquier parte, pero en general los irlandeses tienen fama de ser súper majos. ¿Por qué? Pues porque lo son y se la han ganado. Nada de la alegría y la buena acogida por parte de los habitantes del sur de Europa... ¡en Irlanda te harán sentir más que bienvenido!

"Que beben mucha cerveza". Esto... um, esto también es cierto... Pero ¡que conste que los clichés son estúpidos y no aportan nada a la sociedad! Mi corta experiencia en Irlanda no me permitió ahondar en mis estudios de por qué es tan popular esta bebida... pero imagino que tendrán razones más o menos parecidas a las belgas (que conozco un poco mejor): allá donde se fabrica cerveza, se bebe cerveza. Y punto. No obstante, sigue siendo todo un espectáculo contemplar el deporte nacional y hasta puede convertirse en un juego si no sabes con qué entretenerte en un bar: "te apuesto una birra a que ese se bebe 10 pintas", "pues yo apuesto a que se bebe 13". Eso sí, debo admitir que admiro la determinación por beber cerveza cuando fuera hay -7º... aunque supongo que por eso se beben varias: para calentarse bien rápido.

"Que tiene paisajes muy bonitos". Aaaah, ¡por fin os he pillao! Pues dependerá de cada visitante... Si a ti solo y únicamente te gustan las playas de arena blanca y mar turquesa, o solo te gustan los desiertos del Sáhara y Atacama... pues no, obviamente Irlanda no tiene paisajes bonitos. Pero si eres un ser humano que aprecia todo tipo de belleza... entonces me temo que sí, aquí se cumple otro cliché: tienen paisajes para cortar el hipo.

"Que siempre hace mal tiempo". Esto debe ser verdad y lo creo a pies juntillas. ¿Por qué? Porque aunque durante mi breve estancia hizo sol y el cielo estuvo azul... sé que los planetas se alinean a menudo para que los habitantes de estos países norteños pasen por embusteros ante sus visitas. Puede nevar un día y parecer que llega el fin del mundo, pero si al día siguiente te vienen a visitar tus primas... entonces saldrá el sol.


Así que, queridos lectores, como habéis podido comprobar, los clichés no aportan nada. No reflejan la realidad de un país y no muestran... ¿Qué? ¿¡Cómo que no habéis aprendido nada conmigo ni con este post!? ¿¡Cómo que solo he reafirmado los clichés ya existentes!? ¡Será posible...! Pues ala, para que os vayáis bien contentos, ahí os dejo con otro cliché para la posteridad:

"Que los irlandeses son unos artistas". Por si no fueran suficientes todos los grandes de la literatura (Oscar Wilde, James Joyce, Jonathan Swift, Samuel Beckett, George Bernard Shaw, Bram Stoker... ¿sigo?), todos los grandes de la música (Rory Gallagher, U2, Enya, Van Morrison, Sinead O´Connor, The Corrs...), y todos los grandes y guaperas del cine (Liam Neeson, Pierce Brosnan, Colin Farrell, Jonathan Rhys-Meyers...) que representan Irlanda a nivel mundial, resulta que Irlanda escupe artistas por todas partes.

Vas andando por Dublín y en cada esquina hay un grupo o músico que te deja anonadado. Tú vas pensando "joer qué frío hace en este país..." y te das de bruces con una banda que ni siente ni padece y que está dando un concierto que merecería llenar estadios... Das una vuelta por Trinity College y no muy lejos hay un escritor "autopromocionándose" aunque a simple vista te pareció un mendigo... y cruzas el río Liffey para encontrarte con un abuelillo tocando la guitarra. Por la noche vas a cenar y, después de disfrutar de unos bailes típicos en el pub más alto del país, una niñita sale del público y pide a los músicos que paren de tocar que ella va a cantar. Y ahí te quedas de piedra porque con esa cara angelical, rubita y delgada, la niña saca una voz tan potente que te pone los pelos de punta. Y después, se pone a bailar también. ¡Claro que sí! Y, por si fuera poco, en cada pub, en cada restaurante, en cada bar... también podrás disfrutar de una buena sesión de música en directo (mis favoritos fueron estos).

¿De dónde sacarán la inspiración estos irlandeses? ¿Será la cerveza, será el mal tiempo, serán los paisajes, serán las leyendas... o todo junto? Lo que está claro es que crecer en un país con tanta cultura musical y literaria, y donde la imaginación está presente en cada historia... pasa factura (pero de la buena).

5 de marzo de 2015

Teruel, ciudad del amor

En un lugar de Aragón, de cuyo nombre no quiero olvidarme, ha mucho tiempo que vivían unos enamorados. Isabel se llamaba ella, y Diego él. La historia es ampliamente conocida por las gentes de esos lares. Diego, segundo de una familia no pudiente, no recibió la bendición del padre de Isabel, quien quería casarla con un señor de su condición y alcurnia. Para poder estar con ella, Diego debió partir al frente y allí hacer fortuna. Durante 5 años Isabel prometió esperarlo. Pero su padre, que satisfecho no estaría de tal enlace, la casa con Don Pedro de Azagra, afirmando que Diego de Marcilla ha muerto en la guerra. Isabel, que debe obediencia a su padre, se casa un día antes de que el plazo venza. Un día después de la boda, cuando se cumplen los cinco años que Diego pidió para hacer fortuna, este último llega a la ciudad, donde lo reciben las peores noticias que habría podido escuchar: Isabel de Segura, su amada, se ha casado con otro. Abatido, acude a su encuentro y le pide un único beso, cuyo recuerdo le bastará para encontrar un motivo para vivir. Isabel, que es dama obediente y fiel, que ahora se debe a su marido, se lo niega, y Diego cae muerto de pena. Al día siguiente se celebra el funeral de Don Diego, a cuyo féretro se acerca una mujer vestida de negro con el rostro cubierto por un velo. Es Isabel de Segura, que ha venido a darle el beso que le debía y, de amor, cae muerta. Don Pedro, su marido, comprendiendo la tragedia, ordena que los entierren juntos, como marido y esposa, que es lo que debieron ser en vida.


Muchos siglos han pasado desde tan trágica historia, pero los habitantes de Teruel rinden homenaje a estos amantes, que ahora yacen uno junto a otro para toda la eternidad; y cada mes de febrero la ciudad recrea el ambiente de la época para celebrar los festejos. Dichas festividades se desarrollan durante tres días, marcados por tres escenas principales: la boda de Isabel de Segura con Don Pedro de Azagra; la llegada de Don Diego, su reencuentro con Isabel y la petición del beso, cuya negativa provoca su muerte; y, por último, el funeral de Diego y la muerte de Isabel. Para concluir, un discurso desde el balcón de uno de los edificios más emblemáticos de la ciudad, donde el pregonero relata de nuevo la historia y pide al público que dé un beso a su enamorad@, rindiendo así homenaje a estos amantes. Y así, el pueblo entero revive este amor de leyenda.

Teruel, ciudad romántica y mudéjar, se viste de época medieval y sus calles rebosan vida y alegría. En cada rincón se esconde algo que visitar: un mercadillo, un teatro de juglares o romanceros, una exhibición de aves rapaces, una demostración de danzas, un torneo medieval o incluso echadores de cartas. Perderse es complicado en este pequeño emplazamiento, pero el viajero se sentirá agradecido de poder pasear por sus callejuelas descubriendo toda la magia que esconden los edificios que lo rodean. Actividades habrá para todos los gustos, desde el toro nupcial (un ritual de fertilidad que consiste en pasear un toro por la plaza principal para que la nueva esposa conciba muchos retoños) hasta un torneo real en el que el rey luchará contra sus enemigos. El despliegue de mercadillos y puestos de comida ocupa gran parte de la ciudad, e incluso los oficios tienen cabida en esta festividad: quien lo deseé podrá acercarse al puesto de los herreros o esquiladores para ver cómo trabajan, e incluso los astrónomos prestarán a quien lo solicite su telescopio y conocimientos de las lejanas estrellas. Visita obligada es también el mausoleo de los amantes, donde yacen los enamorados con las manos casi entrelazadas pero sin llegar a rozarse. 

Hoy en día, el siglo XIII se mezcla con las tecnologías de nuestra era, dejando al visitante divertidas imágenes: un soldado templario que habla por el móvil, unas doncellas que llevan gafas e incluso unos caballeros haciéndose un selfie. Aquellos que no lo organicen con tiempo suficiente pueden encontrarse con los hoteles y albergues llenos, pues numerosos son los turistas que acuden a ver las representaciones. Todos los que ya han visitado la ciudad en estos días saben que les esperan largas horas de pie, aguardando que la función comience, si quieren conseguir buen sitio para verla. Las inclemencias del tiempo muchas veces no ayudan, por lo que es conveniente llevar suficiente ropa de abrigo.

Pero a pesar del frío, la masificación de gente y el olor a asado que inundan los rincones, esta celebración bien merece ser vista al menos una vez en la vida. No solo por el espectáculo de contemplar una ciudad entera participando en el "teatro", ni por sus construcciones mudéjares, como las torres y la catedral, que bien merecen una visita más detallada. No, esta celebración merece ser vista por la emoción que desata en cada uno de los espectadores; cuando ni grandes ni pequeños, ni hombres ni mujeres, pueden evitar emocionarse ante la negativa de un beso que ha sido esperado toda la vida.
Foto vista aquí

16 de enero de 2015

Marsella, sus alrededores... y la huelga del jabón

Puede que ya haya mencionado de pasada en el blog que el verano parisino es muy inestable (tanto, que a veces ni hay). Es por esto que los habitantes de la capital huyen en agosto hacia tierras más cálidas (digo yo). Como resultado tenemos un mes de agosto desierto: muchísimos comercios cerrados, las calles vacías, el metro con asientos libres, autobuses con menos frecuencia... Vamos, que da gusto estar en París, sin atascos, ni gente estresada, etc., sobre todo la semana alrededor del 15 de agosto, ya que muchos utilizan esta fiesta para coger puente. Este año, sin embargo, me uní a la moda del puente del 15 de agosto. Sin pensar en las consecuencias, claro está.

Hartos de ver pasar los días de verano sin poder utilizar las sandalias, nos cogimos un tren que nos llevara a Marsella. Allí habíamos reservado un Bed&Breakfast para la primera noche. Al día siguiente, cómo no, nos iríamos a recorrer la costa un poco a lo loco. ¿Quién necesita organizar un viaje cuando lleva una tienda de campaña y ha alquilado un coche? Pues la primera en la frente: las agencias pedían un ojo de la cara por alquilar durante 3 días... Lo bueno es que fue así como descubrimos el alquiler a particulares. Esta opción nos salió mucho más barata, pero como lo reservamos todo a última hora, apenas quedaban coches libres... ¡¿Qué hacemos?! Pues solicitar todos los coches y el primero que nos responda, lo aceptamos. Fue así que alquilamos una furgoneta de mudanzas. Ideal para una escapadita de fin de semana romántico.

Una vez conseguimos transporte para movernos a nuestras anchas por allí, descartamos la idea de reservar hoteles/albergues o sucedáneos: nos sale mejor de precio comprar una tienda de campaña e ir de cámping. Dicho y hecho. Tienda de campaña y mochilas en mano, nos subimos al tren. Previmos un montón de artefactos útiles en caso de no encontrar cámpings: gel desintoxicador para las manos (por si no podemos lavárnoslas antes de comer o después de hacer pipí), sacos de dormir (por supuesto, nos olvidamos de las esterillas), gran cantidad de botellas de agua (para beber y asearnos, en caso necesario), rollos de papel higiénico en abundancia (por si la necesidad aprieta lejos de la civilización), etcétera.

Llegamos a Marsella. Magnífico Bed&Breakfast y paseíto por el paseo marítimo acompañados de nuestras chaquetas (¿quién nos dijo que en el sur hacía calor?). Vimos la catedral y rodeamos el puerto. Al día siguiente fuimos a recoger nuestra furgo, que fue el origen de grandes momentos de risa (imaginaos el panorama... eso sí, detrás nos cabía todo, ¡menudo maletero!), y después decidimos visitar la basílica de Notre-Dame de la Garde. Lo mejor de subir hasta ahí, además de la basílica en sí misma, son las vistas. Al bajar, nos pusimos rumbo a las calanques (o calas) para disfrutar de un poquito de playa.

Vista de Marsella desde las alturas de la basílica de Notre-Dame
Si tenéis pensado ir al sur de Francia, las calanques son un lugar que no os podéis perder, claro. Son calas repartidas por la costa azul, cuyo contraste blanco (por las rocas) - azul (por el mar) me pareció precioso. Algunas son de fácil acceso (las más turísticas) y para otras es necesario andar un poquito (o a veces un muchito). No recuerdo el nombre de aquellas en las que estuvimos (da un poco igual, son todas muy chulas), pero sí os puedo aconsejar tener cuidado si vais a hacer pis por los montes de al lado... (esta historia la contaré otro día, no es apta para niños). Estuvimos en una de estas calas hasta entrada la tarde. El agua invitaba a bañarse pero su temperatura no, por lo que preferimos tomar el sol en las rocas. Nuestro plan de visitar otras calas se fue apagando a la velocidad de la puesta de sol: había que encontrar un lugar para dormir antes de que eso ocurriera. Así que pusimos rumbo a Cassis, un pueblo muy bonito donde al día siguiente podríamos disfrutar de más calas. Conforme el reloj avanzaba, la tranquilidad de las vacaciones iba siendo remplazada por el nerviosismo de dónde caernos muertos. Menos mal que en el pueblo había un cámpig...

...Lleno, por supuesto. Claro, ¿quién necesita organizar un viaje cuando lleva una tienda de campaña y ha alquilado un coche? Pues todo el mundo si la fecha gira en torno al 15 de agosto. Oh, oh. Así que nada, ¡a la aventura! Por suerte encontramos un campo de olivos frente a unas viviendas, junto a la carretera pero oculto por arbustos. ¡Perfecto lugar para pernoctar! Como buenos campistas, preguntamos a los vecinos de las casas si podíamos acampar en su campo, que resulta que no era suyo pero nos dijeron que no nos preocupáramos, que no llamarían a la policía. Terminamos de montar la tienda justo antes de que cayera la noche, y para entonces unos alemanes se habían unido a nuestro campamento. Lo malo de acampar fuera de un cámping es que no puedes irte y dejar la tienda ahí abandonada, así que en lugar de un paseo nocturno por el pueblo, nos fuimos a dormir pronto (yo haciendo como si no supiera que había arañas saltadoras en los arbustos de al lado...). Oh, oh: nos habíamos olvidado las esterillas, y la tierra estaba tan dura que hasta había formado piedras de tierra... No hay dolor, somos jóvenes. Oh, oh: también nos habíamos olvidado... la linterna. Los vecinos han sido tan majos antes... ¿Y si les pedimos una linterna? Volvimos a llamar a su puerta y, sin ninguna vergüenza (bueno sí, mucha, ¿pero qué opción teníamos?) pedimos una linterna que muy amablemente nos prestaron.

Cuando amanecimos a la mañana siguiente los alemanes ya se habían ido, y es que a quien madruga... no lo achicharra el sol. Tras una noche de frío (por haber olvidado las esterillas), dolor de espalda (por lo mismo) y calor infernal (porque el sol llevaba en pie desde las 5 a.m.) nada nos podría haber reconfortado tanto como una buena ducha... que no pudimos darnos. ¿Qué más da? Nos bañamos luego en el mar. Visitamos el pueblo, que es bastante chulo, y descansamos al sol en una calanque preciosa (sí, habéis leído bien: "descansamos", el agua no estaba como para bañarse...). El viaje continuaba rumbo a La Ciotat, que también me encantó. Nos "perdimos" por sus calles disfrutando del calorcito y el sol. Entre ambos pueblos hay una ruta que no pudimos hacer por exceso de viento, pero aun por la carretera menos bonita, los paisajes fueron increíbles.

                       

La Ciotat se parecía a Cassis (pueblo mediterráneo, colores marrones y amarillos, sol, vacaciones...) sobre todo por una cosa: la historia se repetía, los cámpings estaban llenos. El problema es que esta vez no encontramos ningún lugar escondido donde instalarnos. Puesto que teníamos aún bastante tiempo, continuamos hasta el siguiente pueblo, esperando encontrar allí un lugar donde pasar la noche. Saint-Cyr-sur-Mer, además de ser un pueblo demasiado turístico, también tenía un cámping (completo). La buena noticia es que sí encontramos un lugar donde acampar, pero por estar un poco más aparente que el de la noche anterior, decidimos esperar a que se hiciera de noche para montar el chiringuito (total, ya lo habíamos hecho una vez, y además con muy buenos resultados). [Inciso: la verdad es que también habíamos encontrado un campamento de gitanos nómadas con sus furgones pero nos pareció mal acoplarnos. Aunque cada vez que volvíamos a pasar junto a ellos se convertía en una opción más atractiva. Fin del inciso]. Nos engalanamos (aquella noche estábamos de celebración), o al menos todo lo que se pueden engalanar dos personas que no se han duchado en día y medio y tienen sus pertenencias en mochilas en el maletero de una furgoneta de trabajo, y salimos a pasear y cenar por el centro. Por supuesto, a la hora de ir a dormir, no teníamos fuerzas para montar la tienda...

Así que aparcamos el coche en una colina, junto a unas casas muy monas. ¿Para qué montar la tienda si en este enorme maletero caben 2 personas? Pues porque el maletero tenía unas protuberancias que imposibilitaban pasar la noche... ¡A los asientos delanteros se ha dicho! Un par de toallas colgadas para que no se nos vea a través del parabrisas y las ventanas... se reclinan un poco los asientos (poco, porque no daban más de sí)... unos malabarismos para hacer pipí antes de dormir que tuvieron fatales consecuencias para mi pantalón "de gala"... (una vez te instalas y has visto a un zorro en el bosque de enfrente, prefieres no ir muy lejos...), unas risotadas y unos rezos para no morir ahogados durante la noche por el mal olor... (dos días sin duchar) ¡Y a dormir!







¿Se duerme bien en un coche? Bueno... ¿Pasamos tanto frío como la noche anterior? No. ¿Nos dolió la espalda como la noche anterior? Sí. Pero ya estábamos listos para retomar la ruta, porque no nos habíamos puesto ni el pijama. Cansados de ese mar que invitaba a pasar el día a remojo pero que te cortaba la circulación en cuanto metías el dedo gordo del pie, preferimos ir a visitar los pueblos del interior. Ale, ¡carretera y manta! Así es como descubrimos La Cadière-d'Azur, que ¡me encantó!, y Le Castellet, que también me encantó pero un poquito menos que el anterior. La Cadière es un pueblo precioso y con muchas cuestas. Está fortificado sobre una colina desde la que se puede ver el mar y al principio nos pareció un pueblo bastante grande, pero después descubrimos que era porque habíamos aparcado abajo del todo (en fin...). Le Castellet también es muy bonito y está construido sobre una colina. Esta vez no nos equivocamos en el aparcamiento, porque el acceso al pueblo en coche está prohibido. Tienen un párking para los turistas y, si eres un poco más espabilao y tienes suerte, puedes aparcar en los alrededores gratis. Pero... ya iba siendo hora de volver. Deshicimos el camino de la ida con un pequeño cambio: para ir de La Ciotat a Cassis cogimos la ruta de las Crestas (route des Crêtes), que es la carretera por la que no pudimos ir en un primer momento por exceso de viento. Subía muy alto por curvas a veces bastante cerradas... pero las vistas merecen la pena. Cada pocos metros bajábamos del coche para disfrutar del paisaje, hacernos unas fotos en el que oímos decir era el acantilado más alto de Europa y ver los dos pueblos, uno a cada lado de la montaña.

                         
                                     La Ciotat a un lado...
... y Cassis al otro
Fue un viaje poco higiénico, todo hay que decirlo. Así que por una parte, "menos mal" que estuvimos pocos días... Lo bueno de ir más tiempo es que la zona merece la pena ser recorrida. Eso sí, no vayas para el puente de agosto.

Nota: si se va un poco más al interior, también se puede disfrutar de la visita a numerosos viñedos y aprovechar para hacer una degustación de vino... o para robar un racimo de uvas (y que con un poco de suerte no estén ácidas).

2 de enero de 2015

Año nuevo, viaje nuevo

2014 ha estado lleno de pequeñas escapadas y un gran viaje.
Como con todo, he olvidado en qué momento hice algunos de ellos y seguro que me dejo un par en el tintero... Fruto de semejante don de memoria creé este blog, para acordarme al leerlo de todas las cosas que he tenido la oportunidad de ver.

En 2014 hice un montón de cosas...

Viajé por Francia, descubriendo Metz y sintiéndome como si estuviera en Alemania (la arquitectura es taaaan parecida que no paraba de sorprenderme cuando oía hablar francés y no alemán); Marsella y algunos pueblos de los alrededores en un viaje que se caracterizó por ir de mal en peor en cuanto a comodidad e higiene se refiere; nos fuimos de visita exprés al Monte St Michel, donde nos reímos al oír hablar del estilo arquitectónico gótico normando (venga ya...); y terminamos el año visitando el festival de las luces en Lyon, donde cada día añadía una capa de abrigo a mi indumentaria.

                    

Además, y como cada año, tuve que hacer una visitilla por Alemania, donde conocí la ciudad de Wiesbaden (que se parece a la de Metz :P) y pasé frío hasta para dormir.

También fue un año de suerte y nuevas experiencias: me tocó un viaje a Cuba (increíble pero cierto) y aunque no fue lo que esperaba, hice muchas cosas por primera vez: viajar en primera clase, ver delfines y bucear en un coral (no muy bonito, eso sí), comer langosta, ir a un hotel todo incluido (experiencia que no es para mí...), pasear a la luz de la luna llena por la playa (y no disfrutar porque las sombras me daban mal rollo), coger una estrella de mar y volar en un avión con goteras (y vivir para contarlo).

Pero como he descubierto que tengo depresión post vacacional, nada más volver de este viaje organicé otra escapada a los dos meses. ¿Dónde? Donde haga sol, haya mar y esté al sur... Así que nos fuimos a Croacia, que ha sido el descubrimiento del año (y eso que fuimos al norte, que al parecer es la parte "fea").


Y, puestos a pedir sol, mar y calor hice una escapadita a Mutriku, en el País Vasco. Hizo buen tiempo (supongo) y hasta nos bañamos (y luego nos resfriamos). Me tocó dormir en un saco con olorcillo a queso (eso sí, muy calentito) y sufrir una "noche del terror". Menos mal que comimos abundante y la gente fue de lo más simpática.

Como experiencia "loca" del año, de esas que luego cuentas y quedas como una súper aventurera (aunque en verdad no lo seas), fue el paseo en parapente en Panticosa, en el Pirineo aragonés. La actividad en sí dura poco e incuso es relajante. Las locuras llegaron más tarde ese mismo fin de semana... (la crisis de los 25 es muy dura).

Me parece que ¡eso ha sido todo, amigos!

Ya solo me queda brindar por poder seguir disfrutando de muchos más viajes. Por el momento, ya tengo algunos en la agenda... Irlanda, Teruel (¿¡qué pasa!? Teruel existe), Edimburgo, Alemania (no podía faltar. Pero esta vez nada de pasar frío, ¡iré en verano!), ¿Perú?, ¿Birmania?...
Quién sabe ;-)

27 de diciembre de 2014

10 sueños viajeros cumplidos

Empecé a elaborar mi lista de sitios que ver antes de morir cuando era pequeña. Seguramente entonces no me dije "lista de sitios que ver antes de morir", sino "sitios que tengo que visitar en mi vida" -los niños no son tan pesimistas como para ir pensando en la muerte... Pero desde muy pequeña ya tenía varios en mente y he tenido mucha suerte de poder cumplir algunos de la lista original y otros que se han ido sumando con los años.

¿Queréis saber cuáles son?

Visitar el lago Ness
Con todas esas leyendas del monstruo submarino, ¿qué niño no se sentiría fascinado por un lugar así? Fue una experiencia genial que compartí con los amigos que hice en Edimburgo. No podía creer mi suerte cuando estuve allí. Imagínate, ¡con 15 años y cumpliendo un sueño viajero! Puede que no viera al monstruo (tendría que haber llevado galletas Oreo), pero fue una experiencia inolvidable.


¿Hay algo más tentador cuando eres joven y has visto Crossroads? La peli es una basurilla, pero la idea que se implantó en mi mente y la de mis amigas no nos abandonó hasta que vimos nuestro sueño hecho realidad. ¡Ahora queda repetirlo a lo grande! (¿Ruta 66?)

Pasear por Venecia y montar en góndola
¿Una ciudad donde los taxis son barcos y la gente se transporta en góndola? ¿Una ciudad donde los edificios flotan sobre el agua y la marea sube y cubre la plaza de la catedral? Con estas descripciones, ¿quién no tiene ganas de ir a experimentarlo? Me pareció preciosa y, gracias a mi falta de sentido del olfato, ni me di cuenta de que olía mal, como todo el mundo clama. Eso sí, la ola de calor, la falta de agua y una tipa (que era nuestra guía) bastante insoportable casi hicieron que el sueño se convirtiera en pesadilla.


El primero de estos fue a la República Checa, con mis amigos de la universidad. Yo estaba acostumbrada a planearlo todo bastante y este fue casi de una semana para otra. ¡Y salió genial! Desde entonces he tenido varios de estos: Marsella, Croacia, el Monte Saint-Michel...

Superar mis miedos
Vale... aún me quedan muchos y me han salido otros nuevos, pero lo importante es que algunos los he "superado" (o al menos hago como que no me da miedo en vez de montar un espectáculo). Por ejemplo, ya no entro en pánico modo "vamos-a-morir-todos" cada vez que hay una pequeña turbulencia en el avión (aunque siguen sin gustarme ni un pelo); y ¡me he bañado en un mar con medusas! (bueno, era una sola medusa... y el agua estaba muy clara así que se la veía perfectamente, por lo que guardar las distancias era muy fácil... ¡pero lo que cuenta es que lo hice, y sin gritar!). Eso sí, aún me da mal rollo ver los peces del mar a mis pies, y conforme los años avanzan más aprensión tengo a los bichos... ¿No debería ser al revés?

Visitar Stonehenge
Leyendas, druidas, misterios místicos... Tuve la oportunidad de visitarlo hace varios años, y además lo hice acompañada por amig@s que hicieron que fuera un día memorable.


Viajar a un lugar exótico
¡Y lo he hecho por partida doble con Martinica y Cuba! Playas de arena blanca, aguas cristalinas, beber directamente en coco, el Caribe, historias de piratas, música caribeña, el descubrimiento de la guayaba y el guarapo... Aaaah, los buenos tiempos.


Pasear por lugares que inspiraron Harry Potter
Así de friki soy. En mi defensa diré que esto nunca fue mi objetivo pero la vida ha querido que se convirtiera en algo así gracias a las sorpresas que me han deparado algunos destinos. Así, por ejemplo, mi primer viaje fue a Edimburgo, donde no solo está la cafetería en la que la autora escribió buena parte del primer libro, sino también un montón de lugares relacionados con el mundo mágico que inventó. También pasé mi primer Erasmus en Exeter (donde estudió J.K. Rowling) donde, de camino a la universidad, pasaba cada día frente a la tétrica mansión que inspiró la casa de los gritos, o iba de compras por Gandy Street (calle en la que al parecer se basó para construir el Callejón Diagon). Además, y ya que estaba allí, cuando fui a Londres no perdí la oportunidad de visitar el Andén 9¾.

La Habana es un lugar mágico, pegajoso y maloliente que querrías recorrer durante días para conocer cada rincón. Por supuesto, sigue estando en mi lista de sitios que visitar.

Yo era más de pensar que puedes tener muy buenos amigos extranjeros pero que nunca será lo mismo que con los amigos con quienes te entiendes a la primera, por eso de hablar la misma lengua materna. Pues ahora ¡ya me puedo comer mis palabras! He hecho amigos de los buenos (eso sí, pocos) con los que llego a entenderme aunque no sepa cómo decirlo. Y es que, como leí una vez, la comunicación es una actitud.

*

Tener 10 sueños viajeros cumplidos es tener mucha suerte. Y lo bueno de viajar es que, si quieres, nunca se acaba. Cuando tachas un lugar de tu lista aparecen tres más, así que nunca te quedas sin objetivos. Algunos de los próximos que quiero cumplir son estos:

Recorrer la muralla China (al menos una parte,que el cuerpo ya no está para esos trotes)
Contemplar el amanecer en lo alto de Bagan con vistas sobre todos los templos
Ver la aurora boreal y el sol de medianoche
Viajar a Marruecos y comer cada día pasteles de pistacho
Pasar unos meses en África impregnándome de la cultura y recorriendo varios países
Emocionarme con las cataratas de Iguazú
Subir a los fiordos noruegos (y acercarme al precipicio tumbada para disminuir el vértigo, qué yuyu)
Visitar el Gran Cañón (y, de paso, hacer un viaje en coche por EE.UU.)
Aprender sobre las culturas inca, azteca y maya in situ
Escribir un libro (o varios jiji) basados en lo que he visto y vivido durante mis aventurillas


Claro que la verdadera lista de lugares "por visitar" es bastante más larga que esta, pero no pierdo la esperanza de poder realizarla y dejar "espacio" para otros nuevos. Si es que, una vez que haces pop en esto de los viajes... ¡ya no hay stop!

13 de noviembre de 2014

Alquiler de coche: la alternativa

Hay muchas maneras de viajar pero pocas te ofrecen tanta flexibilidad horaria y libertad de ruta como Alquilar un coche suele ser una buena idea cuando vas a un destino un poco perdido de la mano de dios, cuando los billetes de tren/avión son demasiado caros o cuando quieres ir a tu rollo y no depender de horarios y estrés de "voy a perder el autobús". El único problema es que, a veces, resulta un poco caro. Si además sois tan poco organizados como yo y muchos de vuestros viajes cortos los preparáis con dos días de antelación y/o en fechas señaladas (puentes y festivos nacionales), los precios de las agencias de alquiler se dispararán haciendo que os quedéis en casa sin viaje o que os gastéis un dineral.
el coche.

Por suerte, hay una alternativa que yo conocí hace poco y que ha resultado muy barata y mucho más cómoda: alquilar a particulares. Esto es: alguien tiene coche que no utiliza y decide alquilarlo para ganarse un dinerillo extra sin hacer esfuerzo.

¿Por qué es una buena idea alquilar a particular?

1. Precios más bajos
Algunos utilizarán este medio para hacerse de oro, pero yo creo que la mayoría de particulares parten del principio de que "con cualquier tarifa que ponga ganaré dinero" y por esto los precios suelen ser asequibles. Claro que hay de todo, pero puedes encontrar coches en muy buen estado por menos dinero que en una agencia.

2. Mayor flexibilidad horaria
No dependes de los horarios fijos de una agencia, sino que tú te organizas con el propietario para recoger y entregar el coche. Si te va mejor recuperarlo a las 22h y estáis de acuerdo, adelante. Si vas a entregarlo un poco más tarde de lo establecido, puedes llamar al propietario para avisarle y, con suerte, no te facturará un día adicional. (Claro, esto depende de cada propietario, pero en general prima el buen rollo y no suele importarles).

3. Kilometraje adicional más barato (o sin kilometraje adicional)
Me parece que en España no suele haber kilometraje limitado, ni siquiera por agencia, pero en Francia esto es harina de otro costal. Si alquiláis un coche aquí, tan solo vienen incluidos 100km al día, y cada km adicional tiene un precio variable (en torno a los 0,25€ por km). La mayoría de los particulares (franceses) también establecen un kilometraje limitado a 100km, pero sus tarifas por kilómetro suplementario son mucho más bajas (en torno a los 0,8€). De nuevo, en España no suelen poner kilometraje limitado.

4. Trato más familiar
El dueño del coche quiere que todo vaya bien por lo que te facilitará la tarea. Habrá excepciones, pero en general la gente es agradable y servicial. Las veces que yo he utilizado esta opción ambos particulares han sido muy simpáticos y "de fiar". La segunda vez, de hecho, hasta nos dejó el coche un día más y sin coste adicional.

5. Menos sorpresas desagradables
Las compañías de alquiler de coches juegan mucho con la letra pequeña, y si no estás atento te puedes llevar un disgusto económico. Los particulares, al ser un trato más cercano y menos dirigido a hacer negocio, no suelen ir a buscar las cosquillas. No serán tan pesados con controlar el estado del coche a su devolución (esto es, no lo van a controlar más que cuando te lo prestaron, sino igual) ni con el depósito de gasolina, siempre y cuando esté más o menos a la misma altura.


He de decir que mi experiencia en alquiler de coches en España es casi inexistente, pero tras algunas experiencias francesas os lo recomiendo como alternativa. Ambos propietarios fueron la mar de simpáticos y nos facilitaron mucho la tarea (al devolver el coche, uno de ellos nos llevó hasta casa y todo). No nos pusieron trabas cuando lo entregamos un poco más tarde de lo establecido (o incluso nos lo dejaron un día más) ni cuando vieron que habíamos superado el límite de kilómetros contratado (claro que recompensamos llenándole el depósito más de lo establecido).

Algunas de las páginas web para alquilar de particular a particular son: MovoMovo y SocialCar en España; o Drivy y OuiCar en Francia. Tal vez es porque yo he tenido una muy buena experiencia, pero sin duda lo recomiendo.

7 de noviembre de 2014

Homburgo (que no Hamburgo)

Berlín, Múnich, Colonia, Frankfurt, Dusseldorf, Stuttgart, Leipzing, Hamburgo... Hay muchas ciudades importantes y famosas en Alemania que suelen ser las primeras visitadas si te dejas caer por estas tierras. Yo, sin embargo, empecé por Homburgo (que no Hamburgo). ¿Qué se me había perdido a mí por aquellos lares? Nada, la verdad; pero como ocurrió con Martinica, si un amigo te propone ir porque es su ciudad natal, pues allí que te vas. ¡Nunca hay que negarse a un viaje!

Esta vez el destino suena menos exótico, claro. Encima cada que vez que dices que vas a visitar Homburgo todo el mundo entiende que vas a Hamburgo. Que noooo, ¡pesaos! Homburg es una pequeña ciudad al ladito de Francia, que forma parte del estado de Sarre, uno de los más pequeños de todo el país. ¡Olé, olé! Resulta que Homburgo tenía muchas riquezas en carbón, y pasaron varios años que si ahora somos de Francia que si ahora de Alemania: ahora somos franceses, ahora alemanes, ¡que no, franceses! ¡alemanes! El resultado es que tal vez consigas hacerte entender en francés sin necesidad de hablar una palabra de alemán (¡uf!).

Seguro que estáis pensando que soy una pringadilla y que quién me engañó para irme a ese rincón desconocido y perdido... Pues ¿a que no sabíais que...?


Plaza del mercado e iglesia St. Michael
Foto vista aquí
Homburgo tiene un castillo en las alturas y rodeado por el bosque (castillo de Karlsberg), desde donde se puede ver toda la ciudad. Vale que hoy el castillo está un tanto en ruinas tras su destrucción por las tropas francesas, pero esto le añade aún más encanto.

Homburgo es una ciudad integrada en el bosque. De un barrio a otro a veces hay atajos yendo por plena naturaleza. ¡Já! Tiene muchos parques y parajes naturales, perfectos para hacer deporte, pasearse, respirar aire fresco, abrazar árboles (cosas de alemanes...) y escuchar a los pajarillos cantando. Además tiene un lago en los alrededores y cuando hace buen tiempo se organizan innumerables barbacoas y fiestas.

Homburgo tiene un centro ciudad pequeñito (como el resto de la ciudad, claro) pero muy mono, con una plaza del mercado coronada por la iglesia St. Michael.

Cuando se acerca Diciembre, levantan un mercadillo de Navidad. Vale, ahí me habéis pillado... seguro que todas las ciudades alemanas tienen un mercadillo de Navidad... Pero el de Homburgo seguro que es de los más pequeñitos, ¡ala!

Tanto me integré que no se diría
que no soy alemana
Foto vista aquí
Además, y como buena ciudad alemana, Homburgo ¡tiene una fiesta Oktoberfest! Solo que se llama Bockbierfest y se celebra a principios de noviembre. Antes de ir me previnieron de que la cerveza era muy fuerte y no muy buena, pero todo pamplinas. A mí me encantó (claro que casi acababa de llegar de Bélgica, donde me bebí hasta el agua de los charcos): jarras grandes, gente maja, grupos folclóricos tocando música tradicional... Me hice un papelito con las letras de la canción principal y pasé completamente desapercibida ;-)

Por supuesto, esta Bockbierfest se celebra con la cerveza propia de la ciudad. Eh, ¿qué os pensábais? Homburgo tiene su propia brasería, de la que sale la cerveza Karlsberg (que no Carlsberg).

Pero sobre todo, Homburgo tiene gente la mar de maja y acogedora que harán todo lo posible por hacer que te sientas como en casa aunque no entiendas ni papa de alemán. Y, al fin y al cabo, ¿no es eso lo que cuenta?


*
Dejando a un lado lo buena que pudiera ser mi primera experiencia en Alemania, no dudes en pasarte por Homburgo si estás por la zona. Subir al castillo, tomar una Karslberg (o emborracharte a muerte si vienes para la Bockbierfest), pasear por el bosque, respirar aire fresco, disfrutar del paisaje...

Homburgo es la prueba de que hasta los rincones menos populares en las guías tienen algo que ofrecer ;-)